MANZANEDA DE OMAÑA: S e corre por la montaña/Que dice la loba parda/ Que...

S e corre por la montaña/Que dice la loba parda/ Que salta de pico en pico/ Que los pueblos pueblos eran/ Pero que ya no lo son/ Que para que vuelvan a serlo/ No hacen falta ayuntamientos/ En el Reino de Leon.

Que no, que no no no, que no, que ni es copla, ni romance, ni pachanga, ni del siglo XVIII, que no lo es, que no, que es emergencia desesperada en evidencia, es lo que inspira esta provincia mía de pueblos abandonados, antes por jóvenes sin futuro, ahora por ancianos sin presente y sin servicio alguno. Que los ayuntamientos son causantes importantes del cataclás nacional actual y de esa cris is económica estructural de España, de la España de aquellos y de estos, los de siempre, la de los mismos, de la España apolítica, de los parados, de la indigencia, de las poligoneras, de los trabajadores que no disponen de paga asegurada o plaza en propiedad. Que lo redigo y rescribo, que los ayuntamientos están en quiebra porque gastan lo que no ingresan y deben, sobre todo en costes fijos y personal inamovible y con el desmán de las ocurrencias políticas y menos en obrar lo necesario y básico para que, esos ahora medio casarones con casi nadie y con nada, no acaben en despoblado. Lo peor es que a este desbarajuste compuesto complejo se le propone la solución simple fácil, política, de juntar ayuntamientos, de repartir las pérdidas del dispendio y el gasto sin control, de unir a los gastones, de amontonar más braceros a pujar el trono del derroche político.

Que se devuelvan las competencias locales, comunales, ¡que se les devuelvan! Que se les entreguen los ingresos patrimoniales y territoriales procedentes de la propiedad comunal y lo que se devenga a consecuencia del expolio y la limitación de los derechos sobre ella. ¡Que se devuelvan! Qué distinto sería que las Juntas Comarcales tuvieran el encargo natural de desconcentrar, descentralizar la capital provincial y las aspirantes a comarcal y las ciudades, distribuyendo por cada lugar inicializadores de proyectos de desarrollo socioeconómico y crecimiento, motores de mantenimiento e imanes de población y generadores de esperanza. Y, con ellas, ¿para qué se necesitarían mancomunidades, gales, comisiones, sobresueldos y otras tales? Qué mejor que la Diputación se adaptara a esta estructura organizativa, se reinventara, y se dedicara a equiparar y aproximar a esas comarcas y evitar la discriminación en los costes y en el acceso a los bienes y servicios entre un término rural y la ciudad y entre esta Región y las demás. Habría que desocuparla de otras muchas actividades que no debería asumir sin más. ¡Ay León! ¡Que no mueran tus pueblos!

Volved, volved los hijos arrancados a los pueblos a levantar casa o arreglar la que fuera de padres y de abuelos. Conjugad la gesti ón de aquel pasado con esto que pide lo moderno. Coadministrad las urbanizaciones de verano con las moradas de lumbre del invierno. ¡Que no mueran aquellos! Allí está vuestro tuco genealógico, una tocona tronzada pero con raíces milenarias prendidas muy hondas en el suelo, una por cada antepasado y todas vuestras, a rebrotar presta y dispuesta a reverdecer en cualquier tiempo. embrad el campo con la idea y no os importe que pregunten cómo se aplicaría en España al resto. Contestad, contestad y responded, ¿qué es autonomía sino esto?.

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