Pero quizás lo más espectacular de nuestra flora, debido a su colorido, que no por su diversidad, sean las plantas con flores, que el botánico denomina fanerógamas.
Para hablar de ellas no tengo más remedio que referirme brevemente a dos conceptos que hoy están de moda, flora autóctona y flora alóctona. La primera es aquélla que nace espontáneamente en nuestra provincia, sin que haya sido introducida en ningún momento por el hombre y la segunda, flora alóctona, por el contrario, es la que ha sido cultivada en algún momento por el hombre, aunque hoy se multiplique espontáneamente; ejemplos de una u otra hay muchos. Nuestras encinas, robles albares, hayas, avellanos, melojos, quejigos, etc., forman parte de nuestra flora autóctona, mientras que el castaño de Indias (Aesculus hippocastanus), el plátano de paseo (Platanus occidentalis), los abetos (Abies sp.), algunos pinos, etc., son representantes de nuestra flora alóctona.
En otros casos la duda nos puede, no tanto por la realidad de las cosas, como por la presencia desde antiguo de estas plantas entre nosotros, éste es el caso del castaño (Castanea sativa) abundante en León y que se reproduce espontáneamente, pero que sin embargo no es un árbol autóctono, sino muy al contrario, ya que fue introducido y usado por los colonizadores de la Iberia, corno en las explotaciones auríferas de las Médulas, donde sus frutos sirvieron de alimento a los esclavos.
Tanto una, corno otra flora, hoy forma parte de nuestra riqueza y abunda en una mayor diversidad, si bien me referiré a continuación a la primera, pues nos es más propia.
Éstas nuestras plantas con flores no están ordenadas por doquier, sino sujetas a las condiciones del medio en el que pueden sobrevivir y por tanto, puede parecer una perogrullada, viven donde pueden vivir, resultando por ello imposible ver un roble por encima de los 2.000 metros en las altas cumbres de nuestras montañas, o un azulejo en el agua.
Esta realidad ha determinado que la flora se haya adaptado para lograr su supervivencia y que para ello haya tenido que evolucionar, produciendo un conjunto de sistemas que la permitan perpetuarse a través de la reproducción. Un magnífico ejemplo son nuestras orquídeas, de las cuales existen en nuestra provincia más de cuarenta especies distintas, que han transformado parte de su flor en una estructura conocida como "labelo", tan semejante a un insecto, que se confunde con él. Así Ophrys scolopax presenta su labelo con forma de abeja atrayendo a tan benefactor insecto que al apoyar sus patas sobre él, hace que éste recoja el polen que trasladará a otra flor para fecundarla.
Nuestra flora es muy rica y variada y representa aproximadamente el 20% de la existente en la Península Ibérica, es decir unas 3.000 especies distintas, que si la comparamos con la del Reino Unido (800 especies), nos da una idea de su diversidad.
La variada climatología y edafología de nuestra provincia hace que existan en ella un buen número de plantas que alcanzan aquí su extremo de distribución, así como que en distintas comarcas podamos reconocer especies vegetales que no existen en otras, éste es el caso de los madroños del Bierzo o la presencia abundante en abedules y escaso en hayas en nuestros Ancares y de las sabinas albares en La Babia y Los Argüellos, mientras se reparten el resto de la provincia entre las encinas y los melojos, llamados estos últimos científicamente Quercus pyrenaica y de los cuales la provincia de León es la que mayor extensión de ellos presenta en toda España.
Y ya que estoy hablando de árboles veamos cual es su diversidad en nuestra flora autóctona. He mencionado el tejo (Taxus baccata), el pino silvestre (Pinus sylvestris), el haya (Fagus sylvatica), la sabina albar (Juniperus thurifera), el abedul (Betula celtiberica), la encina (Quercus rotundifolia), el roble albar (Quercus petraea), el melojo (Quercus pyrenaica), el madroño (Arbutus unedo) y para que se hagan una idea de nuestra riqueza, les voy a citar algunos más: el negrillo u olmo (Ulmus minor), el olmo de montaña (Ulmus glabra), el chopo (Populus nigra), los fresnos (Fraxinus angustifolia y F. excelsior), las mimbreras (Salix sp.) de las cuales hay más de veinte especies distintas, el aliso (Alnus glutinosa), los tilos (Tilia cordata y T. platyphyllos) de los que degustamos, como calmantes de nuestros nervios, sus infusiones, el quejigo (Quercus faginea), el alcornoque (Quercus suben), dicho sea sin ánimo ofensivo alguno, el acebo (Ilex aquifolium), el mostajo (Sorbus aucuuparia), el serbal (Sorbus aria), el carbayo (Quercus robur) escaso, pero también presente, el avellano (Corylus avellana) y alguno que quizás olvide, ¡pero son tantos!
De los matorrales era casi mejor ni hablar, dada su enorme diversidad, pero puesto a ello mencionaré algunos, como el bruno o endrino (Prunus spinosa), el bonetero (Euonymus europaeus), el saúco (Sambucus nigra), las rosas (Rosa sp.), y las digo en plural, pues tenemos más de una docena de especies distintas en nuestra flora, las zarzamoras (Rubus sp.), la frambuesa (Rubus idaeus), los groselleros (Ribes sp.) con tres especies distintas, o bien los piornos (Genista sp.), las escobas (Cytisus sp.), las aulagas (Genista sp.), los brezos (Frica sp.), la brecina (Calluna vulgaris), la gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), también llamada uva de oso, las jaras (Cistus sp.) con cinco especies diferentes y dos cantuesos (Lavandula pedunculata y L. sampaiana) y muchas otras más que sería prolijo enumerar.
El mayor número de nuestras plantas con flores se encuentra entre las herbáceas o "hierbas", de las que simplemente mencionaré algunas sumamente conocidas y otras que por su rareza o exclusividad territorial aportan algo más a la tan rica y variada flora leonesa.
Para hablar de ellas no tengo más remedio que referirme brevemente a dos conceptos que hoy están de moda, flora autóctona y flora alóctona. La primera es aquélla que nace espontáneamente en nuestra provincia, sin que haya sido introducida en ningún momento por el hombre y la segunda, flora alóctona, por el contrario, es la que ha sido cultivada en algún momento por el hombre, aunque hoy se multiplique espontáneamente; ejemplos de una u otra hay muchos. Nuestras encinas, robles albares, hayas, avellanos, melojos, quejigos, etc., forman parte de nuestra flora autóctona, mientras que el castaño de Indias (Aesculus hippocastanus), el plátano de paseo (Platanus occidentalis), los abetos (Abies sp.), algunos pinos, etc., son representantes de nuestra flora alóctona.
En otros casos la duda nos puede, no tanto por la realidad de las cosas, como por la presencia desde antiguo de estas plantas entre nosotros, éste es el caso del castaño (Castanea sativa) abundante en León y que se reproduce espontáneamente, pero que sin embargo no es un árbol autóctono, sino muy al contrario, ya que fue introducido y usado por los colonizadores de la Iberia, corno en las explotaciones auríferas de las Médulas, donde sus frutos sirvieron de alimento a los esclavos.
Tanto una, corno otra flora, hoy forma parte de nuestra riqueza y abunda en una mayor diversidad, si bien me referiré a continuación a la primera, pues nos es más propia.
Éstas nuestras plantas con flores no están ordenadas por doquier, sino sujetas a las condiciones del medio en el que pueden sobrevivir y por tanto, puede parecer una perogrullada, viven donde pueden vivir, resultando por ello imposible ver un roble por encima de los 2.000 metros en las altas cumbres de nuestras montañas, o un azulejo en el agua.
Esta realidad ha determinado que la flora se haya adaptado para lograr su supervivencia y que para ello haya tenido que evolucionar, produciendo un conjunto de sistemas que la permitan perpetuarse a través de la reproducción. Un magnífico ejemplo son nuestras orquídeas, de las cuales existen en nuestra provincia más de cuarenta especies distintas, que han transformado parte de su flor en una estructura conocida como "labelo", tan semejante a un insecto, que se confunde con él. Así Ophrys scolopax presenta su labelo con forma de abeja atrayendo a tan benefactor insecto que al apoyar sus patas sobre él, hace que éste recoja el polen que trasladará a otra flor para fecundarla.
Nuestra flora es muy rica y variada y representa aproximadamente el 20% de la existente en la Península Ibérica, es decir unas 3.000 especies distintas, que si la comparamos con la del Reino Unido (800 especies), nos da una idea de su diversidad.
La variada climatología y edafología de nuestra provincia hace que existan en ella un buen número de plantas que alcanzan aquí su extremo de distribución, así como que en distintas comarcas podamos reconocer especies vegetales que no existen en otras, éste es el caso de los madroños del Bierzo o la presencia abundante en abedules y escaso en hayas en nuestros Ancares y de las sabinas albares en La Babia y Los Argüellos, mientras se reparten el resto de la provincia entre las encinas y los melojos, llamados estos últimos científicamente Quercus pyrenaica y de los cuales la provincia de León es la que mayor extensión de ellos presenta en toda España.
Y ya que estoy hablando de árboles veamos cual es su diversidad en nuestra flora autóctona. He mencionado el tejo (Taxus baccata), el pino silvestre (Pinus sylvestris), el haya (Fagus sylvatica), la sabina albar (Juniperus thurifera), el abedul (Betula celtiberica), la encina (Quercus rotundifolia), el roble albar (Quercus petraea), el melojo (Quercus pyrenaica), el madroño (Arbutus unedo) y para que se hagan una idea de nuestra riqueza, les voy a citar algunos más: el negrillo u olmo (Ulmus minor), el olmo de montaña (Ulmus glabra), el chopo (Populus nigra), los fresnos (Fraxinus angustifolia y F. excelsior), las mimbreras (Salix sp.) de las cuales hay más de veinte especies distintas, el aliso (Alnus glutinosa), los tilos (Tilia cordata y T. platyphyllos) de los que degustamos, como calmantes de nuestros nervios, sus infusiones, el quejigo (Quercus faginea), el alcornoque (Quercus suben), dicho sea sin ánimo ofensivo alguno, el acebo (Ilex aquifolium), el mostajo (Sorbus aucuuparia), el serbal (Sorbus aria), el carbayo (Quercus robur) escaso, pero también presente, el avellano (Corylus avellana) y alguno que quizás olvide, ¡pero son tantos!
De los matorrales era casi mejor ni hablar, dada su enorme diversidad, pero puesto a ello mencionaré algunos, como el bruno o endrino (Prunus spinosa), el bonetero (Euonymus europaeus), el saúco (Sambucus nigra), las rosas (Rosa sp.), y las digo en plural, pues tenemos más de una docena de especies distintas en nuestra flora, las zarzamoras (Rubus sp.), la frambuesa (Rubus idaeus), los groselleros (Ribes sp.) con tres especies distintas, o bien los piornos (Genista sp.), las escobas (Cytisus sp.), las aulagas (Genista sp.), los brezos (Frica sp.), la brecina (Calluna vulgaris), la gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), también llamada uva de oso, las jaras (Cistus sp.) con cinco especies diferentes y dos cantuesos (Lavandula pedunculata y L. sampaiana) y muchas otras más que sería prolijo enumerar.
El mayor número de nuestras plantas con flores se encuentra entre las herbáceas o "hierbas", de las que simplemente mencionaré algunas sumamente conocidas y otras que por su rareza o exclusividad territorial aportan algo más a la tan rica y variada flora leonesa.