Al hombre también le acompañan dos especies de ratones, una rata y la lagartija roquera. En los basureros comen milanos negros y reales, cuervos, cornejas y gaviotas reidoras.
En vegas y huertos pululan también lombrices, caracoles, babosas, sapos, sapos parteros, ranitas de San Antón, trompudos gorgojos, grandes, patilargos y desmañados tipúlidos, junto a vistosas mariposas, como la macaón, el arlequín, la limonera o el pavo real, y otras no tan vistosas como la blanca del chopo, las blanquitas o la de la col. Se pueden ver también insectos de muchas otras especies, que pueden llegar a producir plagas, como el yanqui escarabajo de la patata. Mientras, en las eras y ribazos de los caminos cogujadas, alondras, abubillas, saltamontes, aceiteros y grillos son fáciles de observar.
En las choperas, junto a los pueblos, se asientan las colonias de grajas; ruidoso córvido colonial, que solamente anida en España en el triángulo León-La Bañeza-Santas Martas y que puede que diera lugar en el pasado a Grajal y a Grajalejo.
En el cereal de secano encontramos liebres, avutardas, sisones y calandrias, junto a ratoneros y aguiluchos, que persiguen a los prolíficos topillos, cuyas inesperadas explosiones demográficas sorprenden a los agricultores. En los regadíos parameses cultivos de regadío han sustituido al secano, con ellos llegó el jabalí y se retrajo la codorniz.
En los oteros la perdiz roja, el cernícalo, el lagarto ocelado pugnan por sobrevivir junto a las últimas cepas de vino de tierra. Los entinares, bosques naturales de nuestra llanura, no han encontrado aún su adalid, pese a haberse demostrado que los existentes en León poseen la fauna ornítica más rica entre los de España, con cerca de 75 especies. Junto a ellas insectos, algunos tan evidentes como cigarras y mamíferos como el lobo, el tejón, el gato, los lirones y el prolífico conejo, una de las claves de la red trófica del ecosistema mediterráneo.
En la llanura también hay lagunas, que en su día sirvieron de abrevadero a las churras y hoy si no se desecan o queman, se mal usan para lavar aperos y tractores, furtivear lo que se puede, verter escombros, basuras y desechos de plaguicidas. Estos pequeños puntos de agua son vitales para el mantenimiento de los ecosistemas circundantes y en su conjunto albergan una fauna más rica aún que las conocidas y relativamente cuidadas lagunas de Villafáfila en la cercana Zamora.
En vegas y huertos pululan también lombrices, caracoles, babosas, sapos, sapos parteros, ranitas de San Antón, trompudos gorgojos, grandes, patilargos y desmañados tipúlidos, junto a vistosas mariposas, como la macaón, el arlequín, la limonera o el pavo real, y otras no tan vistosas como la blanca del chopo, las blanquitas o la de la col. Se pueden ver también insectos de muchas otras especies, que pueden llegar a producir plagas, como el yanqui escarabajo de la patata. Mientras, en las eras y ribazos de los caminos cogujadas, alondras, abubillas, saltamontes, aceiteros y grillos son fáciles de observar.
En las choperas, junto a los pueblos, se asientan las colonias de grajas; ruidoso córvido colonial, que solamente anida en España en el triángulo León-La Bañeza-Santas Martas y que puede que diera lugar en el pasado a Grajal y a Grajalejo.
En el cereal de secano encontramos liebres, avutardas, sisones y calandrias, junto a ratoneros y aguiluchos, que persiguen a los prolíficos topillos, cuyas inesperadas explosiones demográficas sorprenden a los agricultores. En los regadíos parameses cultivos de regadío han sustituido al secano, con ellos llegó el jabalí y se retrajo la codorniz.
En los oteros la perdiz roja, el cernícalo, el lagarto ocelado pugnan por sobrevivir junto a las últimas cepas de vino de tierra. Los entinares, bosques naturales de nuestra llanura, no han encontrado aún su adalid, pese a haberse demostrado que los existentes en León poseen la fauna ornítica más rica entre los de España, con cerca de 75 especies. Junto a ellas insectos, algunos tan evidentes como cigarras y mamíferos como el lobo, el tejón, el gato, los lirones y el prolífico conejo, una de las claves de la red trófica del ecosistema mediterráneo.
En la llanura también hay lagunas, que en su día sirvieron de abrevadero a las churras y hoy si no se desecan o queman, se mal usan para lavar aperos y tractores, furtivear lo que se puede, verter escombros, basuras y desechos de plaguicidas. Estos pequeños puntos de agua son vitales para el mantenimiento de los ecosistemas circundantes y en su conjunto albergan una fauna más rica aún que las conocidas y relativamente cuidadas lagunas de Villafáfila en la cercana Zamora.