En la villa de Acebedo,
fiesta de Santiago Apóstol
de mil novecientos once,
se reúnen unos mozos.
-"Hay que hacer un desafío
y preparar un buen corro,
venciendo a los luchadores
de los pueblos del contorno".
Jandrón se levanta y dice
que reta a todos él solo,
y aunque le salgan cuarenta
no hay quien le dispute el pollo.
Conociendo su bravura,
confía el pueblo en el mozo;
hacen corro los vecinos
y esperan que empiece pronto.
Jandrón se acercó a su casa
ni corto ni perezoso;
volvió con un garrafón
de vino sobre los hombros.
Se ha sentado en la pradera,
tan valiente y poderoso
que todos sus contrincantes
temblaban ante el coloso.
Al retortijón venció
a varios de los más flojos
y echó los primeros tragos
del garrafón poco a poco.
El molinero de Huelde,
que era fuerte como un oso,
de un formidable zancajo
cayó en el suelo redondo.
Nueve mozos le salieron
robustos y vigorosos.
Jandrón a todos tiraba
sin dar a nadie reposo.
Agarrado a su garrafa,
fatigado y sudoroso,
se sienta Jandrón de nuevo
a ver si le salen otros.
Catorce mozos quedaban
de gran fiereza y arrojo,
y a todos ellos Jandrón
los iba tirando a plomo.
Y cuando acabó con todos
el mocetón victorioso,
a la plaza sus vecinos
se lo llevaron en hombros.
fiesta de Santiago Apóstol
de mil novecientos once,
se reúnen unos mozos.
-"Hay que hacer un desafío
y preparar un buen corro,
venciendo a los luchadores
de los pueblos del contorno".
Jandrón se levanta y dice
que reta a todos él solo,
y aunque le salgan cuarenta
no hay quien le dispute el pollo.
Conociendo su bravura,
confía el pueblo en el mozo;
hacen corro los vecinos
y esperan que empiece pronto.
Jandrón se acercó a su casa
ni corto ni perezoso;
volvió con un garrafón
de vino sobre los hombros.
Se ha sentado en la pradera,
tan valiente y poderoso
que todos sus contrincantes
temblaban ante el coloso.
Al retortijón venció
a varios de los más flojos
y echó los primeros tragos
del garrafón poco a poco.
El molinero de Huelde,
que era fuerte como un oso,
de un formidable zancajo
cayó en el suelo redondo.
Nueve mozos le salieron
robustos y vigorosos.
Jandrón a todos tiraba
sin dar a nadie reposo.
Agarrado a su garrafa,
fatigado y sudoroso,
se sienta Jandrón de nuevo
a ver si le salen otros.
Catorce mozos quedaban
de gran fiereza y arrojo,
y a todos ellos Jandrón
los iba tirando a plomo.
Y cuando acabó con todos
el mocetón victorioso,
a la plaza sus vecinos
se lo llevaron en hombros.