La lucha leonesa o aluches, como popularmente es conocida, es uno de los deportes autóctonos más antiguos de cuantos perviven en toda España. De origen guerrero y prerromano, los aluches conservan todavía el mismo sabor rural y primitivo con que nacieran. Cada verano, coincidiendo con las fiestas patronales de los pueblos, vuelven los luchadores a los prados y a las eras a practicar el noble y ancestral aluche. Los corros de aluches, típicos de una zona muy concreta de la montaña y ribera leonesas, se remontan, de forma más o menos conocida, al siglo XIV, época en que la repoblación presentaba frecuentemente peleas y combates por los pastos; ésta es la razón por la cual, desde siempre, se ha dicho que los pastores han sido siempre practicantes, transmisores y responsables de su actual pervivencia. Es bien cierto que los aluches y su práctica han tenido desde siempre mucha relación con determinadas profesiones como los ganaderos, pastores, molineros, etc.
Se podría decir que viendo la evolución de la lucha leonesa se van conociendo los cambios económicos y sociales en los que se ha visto inmerso León y, más particularmente, su zona nororiental. Además, debemos de ser conscientes que la lucha leonesa es el único deporte de combate que permanece vivo en la Península Ibérica de todas las modalidades de lucha que existían hasta este siglo XX.
El interés particular por este tema se debe a las experiencias tenidas al vivirlo de forma continua y cotidiana desde la infancia y por la falta de trabajos de carácter científico que aborden este tema desde una perspectiva más allá de lo folklórico o los últimos estudios de tipo comercial e interesados en “figurar”.
Hay que tener en cuenta que en los últimos años el seguimiento social ha crecido en progresión geométrica hasta llegar a las 40.000 personas que cada verano acuden, pagando entrada, a disfrutar con sus “ídolos”. Este volumen de público es más importante si tenemos en cuenta que el 80% de las poblaciones donde se celebran los corros tienen menos de 200 habitantes y en algunas de ellas se congregan hasta 4.000 personas, multiplicando por 20 su población.
La progresiva e imparable deportivización que ha sufrido la lucha leonesa para adaptarse a los tiempos actuales hacen de esta “tradición” un asunto muy peculiar dentro del panorama deportivo leonés y de sumo interés de estudio antes de que el tiempo acabe borrando muchas de las peculiaridades que posee.
Muy a nuestro pesar, apenas disponemos de referencias escritas, puesto que la información se ha transmitido de forma oral, de generación en generación. Así, la 1.ª referencia escrita hasta hoy data de 1849 en la Enciclopedia Madoz. Sin embargo, éste que suscribe, con motivo de la realización de su tesis doctoral, ya tiene noticias de los aluches del siglo XVI. De repente la lucha leonesa ha envejecido de golpe 300 años y que sea para bien.
Se podría decir que viendo la evolución de la lucha leonesa se van conociendo los cambios económicos y sociales en los que se ha visto inmerso León y, más particularmente, su zona nororiental. Además, debemos de ser conscientes que la lucha leonesa es el único deporte de combate que permanece vivo en la Península Ibérica de todas las modalidades de lucha que existían hasta este siglo XX.
El interés particular por este tema se debe a las experiencias tenidas al vivirlo de forma continua y cotidiana desde la infancia y por la falta de trabajos de carácter científico que aborden este tema desde una perspectiva más allá de lo folklórico o los últimos estudios de tipo comercial e interesados en “figurar”.
Hay que tener en cuenta que en los últimos años el seguimiento social ha crecido en progresión geométrica hasta llegar a las 40.000 personas que cada verano acuden, pagando entrada, a disfrutar con sus “ídolos”. Este volumen de público es más importante si tenemos en cuenta que el 80% de las poblaciones donde se celebran los corros tienen menos de 200 habitantes y en algunas de ellas se congregan hasta 4.000 personas, multiplicando por 20 su población.
La progresiva e imparable deportivización que ha sufrido la lucha leonesa para adaptarse a los tiempos actuales hacen de esta “tradición” un asunto muy peculiar dentro del panorama deportivo leonés y de sumo interés de estudio antes de que el tiempo acabe borrando muchas de las peculiaridades que posee.
Muy a nuestro pesar, apenas disponemos de referencias escritas, puesto que la información se ha transmitido de forma oral, de generación en generación. Así, la 1.ª referencia escrita hasta hoy data de 1849 en la Enciclopedia Madoz. Sin embargo, éste que suscribe, con motivo de la realización de su tesis doctoral, ya tiene noticias de los aluches del siglo XVI. De repente la lucha leonesa ha envejecido de golpe 300 años y que sea para bien.