MANZANEDA DE OMAÑA: LA FABLA. EL PACHUEZU...

LA FABLA. EL PACHUEZU

El mapa dialectal leonés se va cubriendo, rescatado para la ciencia filológica con trabajos admirables como los que se inician por Concha Casado en su magnifica tesis doctoral El habla de la Cabrera Alta, de 1948, y siguen con El habla de Babia y Laciana, de Guzmán Álvarez, El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre y Los Argüellos: léxico rural y toponimia, de Ángel Raimundo Fernández, y los trabajos y vocabularios anteriores del P, César Morán (Vocabulario del Concejo de la Lomba en las montañas de León), de Verardo García Rey (Vocabulario del Bierzo), de C. A. Bardón... Vamos a referirnos ahora brevemente al habla de Babia y Laciana, que nos dejan residuos evidentes en los reductos aldeanos de estas dos importantes comarcas leonesas.

Sobre ella existe un tratado completo. Tenía que escribirlo y lo hizo, con método y rigor exquisitos, un babiano de muy honda raíz: Guzmán Álvarez. Veamos algo de lo que sobre esta obra dice el Prof. Manuel de Rabanal, titular de la Cátedra de Griego de la Universidad compostelana, que algún día, cuando hacía versos y haces de estilos, gustó en llamarse "Manocho", porque no olvidaba tampoco una raíz suya, muy babiana: "El dialecto leonés, occidental, no ha sido, ni mucho menos, desafortunado...". Pero "no podía en modo alguno darse por acabado el conocimiento que de tal sector dialectal se poseía sin emprender esta cata del habla babiano-lacianiega, de la que sólo los rasgos más salientes y algunos no muy rigurosamente percibidos, habían tenido acceso a obras generales sobre el dialecto leonés o a los tratados de Gramática Histórica Española (...) La innegable laguna acaba de ser llenada por la concienzuda tesis doctoral de Guzmán Álvarez...". Se afirma por Rabanal la "técnica depurada —del trabajo— con todo el entusiasmo y toda la competencia que le daban —al autor— el saberse descubridor de unos valores inéditos propios de su rincón nativo, y científicamente dotado para enriquecer la Filología española con el tesoro léxico y fonético que el mismo investigador aprendiera en su niñez de labios de su propia madre...".

Emocionante referencia a una fuente bibliográfica que no se escribe ni documenta, que solamente cabe en los labios de una madre, donde el dialecto matriarcal de los siglos palpita y fluye como el susurro de una fuente de purísimas aguas. Singular privilegio el de nuestro investigador que en ninguna alta escuela pudo conocer mejor la materia prima y real de su ilusionado estudio. Y es que, además, puedo yo aseguraros que el pachuezu babiano-lacianiego no se habla bien porque se hable el bable o se hable el galaico; ni tampoco por haber vivido en Babia o Laciana muchos años y haber gustado de oir a los nativos más ancianos. Para hablar este "habla" y a veces para entenderla, hay que haber nacido en estas montañas, ser hijo de padres babianos o lacianiegos y nieto de abuelos de las mismas puras estirpes, y no haberse desarraigado mucho.

Ambas comarcas, dice Guzmán Álvarez, hablan el mismo dialecto, dentro del leonés occidental: "Babia y Laciana constituyen una unidad dialectal sin matices distintos en sus variadas fenómenos". Las únicas diferencias se refieren al vocabulario: Laciana conserva mejor. Términos comno xiarochu (prenda de vestir en el momento del ordeño) o tanguñeira (fardel o cesto en que se pone la sal que se da al ganado), etc., son exclusivos de la comarca lacianiega,,, "Esa unidad tiene un pequeño y único fallo: Torrestio, en Babia de Abajo, que por mirar muy cerca a Asturias es un pueblo de rasgos asturizantes...".

En pachuezu puro, en cuanto hoy es posible reconstruirlo, Guzmán describe cada uno de los pueblos de Babia, y prueba de esta forma una expresiva capacidad de ilación en literarios textos. Rabanal, tomando la descripción de Quintanilla, no duda en afirmar que fragmentos como el que transcribe "nos hacen entrever bien a las claras lo que hubiera sido una literatura babiana, si la lengua popular, exclusivamente hablada, hubiera ascendido alguna vea al estadio literario o escrito...".

¡Ay, si yo pudiera pronunciar bien esto que Guzmán dice de Quintanilla, y que yo, aun diciéndolo mal, no resisto la tentación de decirlo!:.. el caminu viechu ande cantan los sapus campaneirus nas nueites del branu cuando la luna chuz y a onde los cocus de chuz achuman pur entre las piedras de las viechas paréis...

Perplejos, nos preguntamos: ¿De dónde viene todo este sabor, toda esta rata, todo este tesoro? Desde qué lejanos corazones de cultura y vida mana esta sangre? ¿No estaremos más allá de los castellanos del Medievo, los visigodos o los romanos? ¿Ya con la palabra, tantas veces concreta, privativa, autóctona; ya, tantas otras, si con la raíz lingüística conocida, también con la virtud ancestral que a la palabra conforma y le da su especial morfología, la enlaza en giro singular, o en el modo fonético peculiar de pronunciarla...?

Reaparece siempre: León en la aldea, León en la comarca, León en el agua y León en la fabla... León, en fin, en la cultura y la vida, con recia y propia personalidad.