LA CASA ASTUR DEL OCCIDENTE LEONES
Partimos, pues, de la arquitectura de planta circular, que domina en las comarcas citadas, penetra vigorosamente en Laciana y Babia Alta y parte de la Omaña, y su influencia se extiende asimismo por le Maragateria. Más al Noreste se inicia ya —castros de Villaceid, de Ordás— la influencia da rectangular, es decir, allí donde el dominio netamente astur se debilita y aparece el influjo de los clanes cántabros.
La línea evolutiva en los pueblos actuales, que pudiéramos intuir como de ascendencia estar —los señalados por Luengo y los añadidos por nosotros— presenta fases notables. Desde el ejemplo más curioso de la "casa típica", lacianiega o babiana, hasta las de una mayor apertura geométrica, pero conservando siempre le tradición y el arraigo de las curvaturas, que se resuelven, ya en la forma semicónica de las techumbres, siempre de teito o cuelmo, ya en alguno de los hastiales o paredes maestras, que a veces no empalman en ángulo pacto, sino en curva más o menos abierta y definida, haciendo como leves chaflanes. Ejemplos de estas características abundan bastante hoy día no lejos de las "pallazas" propiamente dichas, de pura planta circular, como algunas casas de Aira da Pedra o Campo del Agua, en la cuenca alta del Burbia, sin olvidar las "pallazas" del Cebrero o del inicio de la vertiente asturiana de Leitariegos —Brañas de Arriba—; ya en algunas casas —como chozos enormes— de Somiedo y Torrebarrio, ya en edificios más funcionales pero antañones de Orallo y otros pueblos de Laciana y Babia, en las Somozas maragatas, etc., etc.
Uría y Rin, en su estudio Excavaciones en el Castellón de Coaña, dice que "el tipo de viviendas circulares y de tendencia más o menos ovalada que encontramos en los castros prehistóricos sobrevivió hasta nuestros días en muchos lugares arcaizantes de montaña del N. O. de la Península, llegando su área hasta la cuenca alta del Sil". Asegura que al Oriente de este río "y en la parte de Babia, por lo menos hoy —1942— no son visibles sus vestigios...". Lamentamos discrepar. Aparte el "evidente vestigio" en la "casa típica" de Laciana y Babia Alta, podemos citar las construcciones circulares o las de tendencia ovalada, sobre todo en la techumbre, aún existentes, del Picu de la villa de Torrebarrio, en Babia de Abajo, que todavía fotografió Guzmán Álvarez para su tesis El Habla de Babia y Laciana, editada en 1949, construcciones que con gran detalle y gracia describe en pachuezu.
Humildes moradas, pero superando ya aquel estadio aún primitivo que Eugenio Salazar, en el siglo XVI, describía en relación con las casas de Tormaleo, del Concejo asturiano de Ibias, estadio que por aquel entonces debió ser bastante común en muchas construcciones primitivas subsistentes. Dice Salazar: "Las casas son redondas. Dos puertas tiene cada una, una al Oriente y otra al Occidente. En las dichas casas no hay sala ni cuadra ni retrete, toda la casa es un solo aposento redondo como ojo de compromiso; y en él están los hombres, los puercos y les bueyes, todos proindíviso („,) El hogar está en medio de esta apacible morada (...) Las dichas casas circulares son cubiertas de unos cimborrios de paja, y están rodeados desde el extremo hasta el coronamiento de unos rollos de bimbres (...) Todas las casas son insulanos, ninguna pega con la otra...". (Vid, Epistolario español. Cartas de Eugenio Salazar. Bibl. de Autores Españoles de Rivadeneira, T. LXII, págs. 303-304, cit. por Unía, en ibid).
Vamos a terminar con unas referencias a la "casa típica" de Babia Alta y Laciana, que gráficamente incorporó a sus estudios de geografía leonesa D. Miguel Medina Bravo, que Caro Baroja califica como "tipo de habitación curiosísimo", que cuenta con una maqueta en el Museo Pirenaico de Pau, en Francia, y nosotros reprodujimos en nuestro libro sobre el antiguo Concejo de Laciana. Casa que conocimos, en su completa estructura, en Sosas de Laciana y en secciones muy expresivas aún de casas en Huergas de Babia y otros pueblos de Babia Alta y Laciana, y que, sin tener nada sustancial que rectificar, describimos en su día como sigue:
Ofrece su fábrica y disposición la forma de un semicírculo y consta de las siguientes dependencias: al fondo la habitación familiar, siendo la pieza más espaciosa y cuidada la cocina, con su llar de piedra y su amplia chimenea o campana de humo, la típica "piérgola" y los clásicos "morillos" y "pregancias". En el portal de entrada, a un lado, solía emplazarse la "ochera" —ollera—para enfriamiento y natación de la leche. En una de las alas del semicirculo obraban los establos para el ganado vacuno, con sus correspondientes pajares de heno seco, y en la otra los del ganado menor, cabras y "ogüechas" —ovejas— con la tenada para la leña. Generalmente, a una de las partes laterales del fondo, sobresaliendo el cuerpo por la parte posterior del edificio general, se emplazaba el horno familiar, que se alimentaba y utilizaba desde dentro. En el centro del patio, enchabanado o enlosado, se levantaba el hórreo, de modalidades propias que lo diferenciaban del gallego o asturiano. Bajo el hórreo se encerraba la carreta, estrecha, larga y baja, de factura céltica y ejes rechinantes fijos a las ruedas ciegas con las que giraban, y se colgaban aperos y herramientas. El cuerpo alto y cerrado del hórreo constituía el granero y la despensa y se levantaba sobre cuatro columnas rudas, prismáticas, de piedra, entre anchos base y cimacio de losa gruesa y toscamente redondeada. La cubierta de estas edificaciones, casa y hórreo, era de paja y se llamaba el "teito".
Esta casa típica tenía todas sus entradas y luces por el patio central, y si para el exterior se abría algún hueco, era de dimensiones insignificantes, livianos y disimulados agujeros o mirillas para la labor de escucha o vigilancia que alimañas u hombres desalmados pudieran exigir del montañés. Esta especial disposición arquitectural respondía perfectamente al medio geográfico y al buen sentido de administración de sus moradores. En ella se observa la preocupación esencial de concentración, el casi fanático arraigo familiar, la razón de defensa, y constituye el ejemplo más vivo e intimo de la proyección natural del hombre sobre sus cosas. Todo un exponente, acaso el más expresivo y elocuente, de la ascendencia remota, patriarcal, gentilicia, de nuestros montañeses lacianiegos y babianos.
Partimos, pues, de la arquitectura de planta circular, que domina en las comarcas citadas, penetra vigorosamente en Laciana y Babia Alta y parte de la Omaña, y su influencia se extiende asimismo por le Maragateria. Más al Noreste se inicia ya —castros de Villaceid, de Ordás— la influencia da rectangular, es decir, allí donde el dominio netamente astur se debilita y aparece el influjo de los clanes cántabros.
La línea evolutiva en los pueblos actuales, que pudiéramos intuir como de ascendencia estar —los señalados por Luengo y los añadidos por nosotros— presenta fases notables. Desde el ejemplo más curioso de la "casa típica", lacianiega o babiana, hasta las de una mayor apertura geométrica, pero conservando siempre le tradición y el arraigo de las curvaturas, que se resuelven, ya en la forma semicónica de las techumbres, siempre de teito o cuelmo, ya en alguno de los hastiales o paredes maestras, que a veces no empalman en ángulo pacto, sino en curva más o menos abierta y definida, haciendo como leves chaflanes. Ejemplos de estas características abundan bastante hoy día no lejos de las "pallazas" propiamente dichas, de pura planta circular, como algunas casas de Aira da Pedra o Campo del Agua, en la cuenca alta del Burbia, sin olvidar las "pallazas" del Cebrero o del inicio de la vertiente asturiana de Leitariegos —Brañas de Arriba—; ya en algunas casas —como chozos enormes— de Somiedo y Torrebarrio, ya en edificios más funcionales pero antañones de Orallo y otros pueblos de Laciana y Babia, en las Somozas maragatas, etc., etc.
Uría y Rin, en su estudio Excavaciones en el Castellón de Coaña, dice que "el tipo de viviendas circulares y de tendencia más o menos ovalada que encontramos en los castros prehistóricos sobrevivió hasta nuestros días en muchos lugares arcaizantes de montaña del N. O. de la Península, llegando su área hasta la cuenca alta del Sil". Asegura que al Oriente de este río "y en la parte de Babia, por lo menos hoy —1942— no son visibles sus vestigios...". Lamentamos discrepar. Aparte el "evidente vestigio" en la "casa típica" de Laciana y Babia Alta, podemos citar las construcciones circulares o las de tendencia ovalada, sobre todo en la techumbre, aún existentes, del Picu de la villa de Torrebarrio, en Babia de Abajo, que todavía fotografió Guzmán Álvarez para su tesis El Habla de Babia y Laciana, editada en 1949, construcciones que con gran detalle y gracia describe en pachuezu.
Humildes moradas, pero superando ya aquel estadio aún primitivo que Eugenio Salazar, en el siglo XVI, describía en relación con las casas de Tormaleo, del Concejo asturiano de Ibias, estadio que por aquel entonces debió ser bastante común en muchas construcciones primitivas subsistentes. Dice Salazar: "Las casas son redondas. Dos puertas tiene cada una, una al Oriente y otra al Occidente. En las dichas casas no hay sala ni cuadra ni retrete, toda la casa es un solo aposento redondo como ojo de compromiso; y en él están los hombres, los puercos y les bueyes, todos proindíviso („,) El hogar está en medio de esta apacible morada (...) Las dichas casas circulares son cubiertas de unos cimborrios de paja, y están rodeados desde el extremo hasta el coronamiento de unos rollos de bimbres (...) Todas las casas son insulanos, ninguna pega con la otra...". (Vid, Epistolario español. Cartas de Eugenio Salazar. Bibl. de Autores Españoles de Rivadeneira, T. LXII, págs. 303-304, cit. por Unía, en ibid).
Vamos a terminar con unas referencias a la "casa típica" de Babia Alta y Laciana, que gráficamente incorporó a sus estudios de geografía leonesa D. Miguel Medina Bravo, que Caro Baroja califica como "tipo de habitación curiosísimo", que cuenta con una maqueta en el Museo Pirenaico de Pau, en Francia, y nosotros reprodujimos en nuestro libro sobre el antiguo Concejo de Laciana. Casa que conocimos, en su completa estructura, en Sosas de Laciana y en secciones muy expresivas aún de casas en Huergas de Babia y otros pueblos de Babia Alta y Laciana, y que, sin tener nada sustancial que rectificar, describimos en su día como sigue:
Ofrece su fábrica y disposición la forma de un semicírculo y consta de las siguientes dependencias: al fondo la habitación familiar, siendo la pieza más espaciosa y cuidada la cocina, con su llar de piedra y su amplia chimenea o campana de humo, la típica "piérgola" y los clásicos "morillos" y "pregancias". En el portal de entrada, a un lado, solía emplazarse la "ochera" —ollera—para enfriamiento y natación de la leche. En una de las alas del semicirculo obraban los establos para el ganado vacuno, con sus correspondientes pajares de heno seco, y en la otra los del ganado menor, cabras y "ogüechas" —ovejas— con la tenada para la leña. Generalmente, a una de las partes laterales del fondo, sobresaliendo el cuerpo por la parte posterior del edificio general, se emplazaba el horno familiar, que se alimentaba y utilizaba desde dentro. En el centro del patio, enchabanado o enlosado, se levantaba el hórreo, de modalidades propias que lo diferenciaban del gallego o asturiano. Bajo el hórreo se encerraba la carreta, estrecha, larga y baja, de factura céltica y ejes rechinantes fijos a las ruedas ciegas con las que giraban, y se colgaban aperos y herramientas. El cuerpo alto y cerrado del hórreo constituía el granero y la despensa y se levantaba sobre cuatro columnas rudas, prismáticas, de piedra, entre anchos base y cimacio de losa gruesa y toscamente redondeada. La cubierta de estas edificaciones, casa y hórreo, era de paja y se llamaba el "teito".
Esta casa típica tenía todas sus entradas y luces por el patio central, y si para el exterior se abría algún hueco, era de dimensiones insignificantes, livianos y disimulados agujeros o mirillas para la labor de escucha o vigilancia que alimañas u hombres desalmados pudieran exigir del montañés. Esta especial disposición arquitectural respondía perfectamente al medio geográfico y al buen sentido de administración de sus moradores. En ella se observa la preocupación esencial de concentración, el casi fanático arraigo familiar, la razón de defensa, y constituye el ejemplo más vivo e intimo de la proyección natural del hombre sobre sus cosas. Todo un exponente, acaso el más expresivo y elocuente, de la ascendencia remota, patriarcal, gentilicia, de nuestros montañeses lacianiegos y babianos.