MANZANEDA DE OMAÑA: El comienzo no fue nada prometedor. Catalina García...

El comienzo no fue nada prometedor. Catalina García Gonzalez, de Puebla de Lillo, quería a obtener el carnet de conducir. Seguramente ella no lo sabía pero era la primera mujer de España en intentarlo, lo que justificara el manojo de nervios que era cuando bajó a casa de Antonio Martinez Santos, en León, que era quien examinaba. Todo iba bien pero al ir a entrar en el llamado Molino de Sidrón, en la vieja muralla, la acelerada mujer no midió bien y tiro las puertas.

No se rindió. Nunca se rindió en su vida Catalina. Y en la segunda ocasión obtuvo su permiso de conducir, el primero que se expedía en España. Era el año 1925 cuando esta singular montañesa entraba en la historia, aunque a ella lo que le preocupaba era poder comenzar a trabajar al volante de aquel coche de matricula LE-934 que le esperaba en Lillo.
Lo de comenzar a trabajar no es real, sí empezaba como conductora pero ella ya llevaba ayudando en casa desde los 15 años. Bajaba con truchas hasta La Robla, al tren, para mandárselas a clientes, fundamentalmente de Madrid), recuerda uno de los seis hijos de esta mujer, Laudelino, Lino. Después ya se inició en el transporte, pero con coches de caballos (aunque tirados por mulas) en los que llevaba gente a Boñar, hasta obtener el carnet de conducir.
Su segundo coche fue un Hispano Suiza de matricula LE-1634. Eligió este modelo porque era recomendable trabajar con un modelo nacional para lograr otro objetivo en el que también sería pionera, la concesión de una línea de transporte en exclusiva, entre Cofi� al y Boñar en su caso.
la hora de recordar la figura de esta mujer pionera habra que pensar en los coches de aquellas épocas y en la comarca en la que Catalina trabajó, de alta montaña, con nevadas considerables que propiciaron todo tipo de an� cdotas.

Una de ellas con uno de sus hijos, a los que era frecuente que llevara en el autobús. En este caso era además necesario para darle de mamar pues era aun bebe. Llegaron a Boñar y ya estaba nevando. La mujer fue a hacer los recados y dejo al niño en casa de unos parientes que, a la hora de marchar, vieron que era un peligro llevar al niño pues el temporal arreciaba. Decidieron dejarlo en la llamada villa del negrillón y la buena de Catalina no pudo regresar a verlo y amamantarlo hasta pasados 26 días pues la nevada fue de consideración, casi un mes sin ver a su hijo de pocos meses de edad. Hasta los años 40 no llegaron a la comarca las primeras maquinas quitanieves de Obras Publicas, pero para aquellas fechas ya llevaba la Empresa García sufridos muchos avatares por las carreteras, muchos sufrimientos, muchos fríos.
Esa expresión de uno de sus hijos, "ir a pacer los recados", encierra otro de los trabajos de esta mujer. No solo llevaba viajeros cuatro veces diarias de Cofi� al a Boñar y repartía el correo, cada día realizaba los encargos que muchos vecinos le hacían de compras u otras necesidades que no podían satisfacer en sus pequeños pueblos, fundamentalmente de medicamentos pues en aquellos años no había farmacia ni en Lillo ni en Vegami� n, solo Boñar tenía este servicio y Catalina se convertía así en el botiquín ambulante.

Conductora, cartera, madre de seis hijos, recadera de todos los vecinos... ya esta bien, ya tenia suficientes ocupaciones esta mujer que empezó a trabajar siendo casi una niña. Pues no, aun hay más. Tenía otro y no menor, ni mucho menos, también atendía la fonda familiar que llevaba su nombre: Casa Catalina. Y no era pequeña, doce habitaciones para cuyos inquilinos había que cocinar, lavar la ropa y demás.

No es difícil imaginarse su vida diaria. A las siete y media de la mañana salía el primer autobús de viajeros para Boñar. Regresaba con el correo antes de la hora de las comidas y a las tres de la tarde partía de nuevo para llegar al tren y de nuevo regresaba antes de la hora de las cenas.

Cuando los hijos se fueron incorporando al trabajo y a conducir los autobuses pudo ella ir dejando el volante pero no el trabajo pues paso a ser la cobradora y siguió llevando el correo, las medicinas, atendiendo la fonda... No es extraño que un grupo de vecinos quisieran erigir un monolito en su recuerdo en la cuesta de Valdecastillo. No es extraño y hubiera sido muy justo pero aquella idea, con colecta incluida, nunca llegó a ser una realidad.

Lo que sí es una realidad es el magnifico recuerdo que esta mujer dejó entre todos los que la conocieron en los mas de veinte pueblos que durante tantos años atendió. Murió en 1959, año en el que el cáncer no quiso saber nada de los meritos de esta mujer que se pasó más de medio siglo por las carreteras, la que fue la primera mujer conductora de España y la primera concesionaria de una línea de transporte de viajeros, pero repasando su vida bien parece que esos hitos son menos importantes que ejemplar vida.