MANZANEDA DE OMAÑA: Siembra de castros-siembra de aldeas. ¿Puede en realidad...

Siembra de castros-siembra de aldeas. ¿Puede en realidad valorarse positivamente esta ecuación, esta dicotomia? No, seguramente, si queremos dar un valor absoluto o excesivo al signo afirmativo de la relación, al remoto parentesco de origen; pero sí, seguramente también, si nos limitamos a opinar, sobre hipótesis y aún más allá de la hipótesis, que la aldea leonesa, especialmente la de nuestras montañas y valles altos, y en gran proporción, tuvo su raíz en el castro gentilicio.

Decíamos que en nuestra provincia cobra expresión singular el poblamiento aldeano, en número, en caracterización, en localización, llenando de vida y encanto los grandes abanicos de nuestros ríos y arroyos que jalonan y caracterizan a su vez el amplio territorio provincial. Pues bien, el que podríamos llamar "poblamiento castreño", con similares enclaves geográficos y en número crecidísimo, parece ofrecer, como argumento de la misma condición, un sino bien expresivo de antecedente troncal.

No poseemos, que yo sepa, un inventario completo de esos núcleos arqueológicos. Gómez Moreno, en su Catálogo Monumental, anota bastantes, pero es sin duda el P. César Morán el que en sus Excursiones arqueológicas por tierra de León nos ofrece una relación más nutrida, aunque tampoco completa ni mucho menos.

Sin tiempo para más, en la presente ocasión, nos vamos a limitar a seguir un itinerario de castros por los valles de Luna, de Babia, Laciana y Alto Sil. Digamos antes que la siembra de castros, expresión gentilicia de pequeños grupos humanos de asiento fijo primitivo, fue muy grande en nuestra región leonesa y más especialmente en nuestras montañas, como expresamente reconoce Caro Baroja y la realidad lo prueba. Sin temor a graves errores podríamos sostener la tesis de que uno de los más seguros y frecuentes orígenes de nuestros pueblos y aldeas actuales está en aquellas remotas fundaciones.

En algún lugar habíamos dicho que resultaría del mayor interés trazar —previa la adecuada sazón de estudios e investigaciones, de suficiente localización, al menos, de yacimientos arqueológicos—un mapa de los actuales pueblos leoneses, en relación con los antiguos castros astures o celta-astures, cántabros también, para deducir después, con curiosas y obligadas líneas de proyección, los naturales enlaces entre la comunidad aldeana que conocemos y el tronco más remoto de que procede.