MANZANEDA DE OMAÑA: La aldea leonesa. Distribución territorial. Supervivencias...

La aldea leonesa. Distribución territorial. Supervivencias

Ciertamente que hablar de la provincia de León, de su geografía viva, obliga a hacerlo de sus aldeas y no solamente por su número, personalidad y género de vida, sino por su asentamiento. Hemos de reafirmar esa poderosa "razón de vida" que es el agua. Voz la suya que como ninguna otra llama a los hombres y los pueblos, los conforme y caracteriza, llama a las culturas y las civilizaciones, las genera, las afirma o las recrea. Es una llamada de la Naturaleza, es una voz prima de la vida; una de las personas de la gran "trinidad biológica": el mantillo, es decir, la tierra, como madre; el agua, como sangre de ese mantillo, y el sol que todo lo anima y eleva, embellece y multiplica.

Y no cabe olvidar que el tesoro del agua en León es como una crianza ingente, que en la innúmera nacencia de sus ríos siembra ya con las cabezas de cuenca el germen de las comarcas que irá fructificando profusamente por toda la geografía provincial. ¡Y cuidado, amigos, que nunca es lícito ajenarse del bautismo de la vida! Caminos andantes del agua, que dijera el poeta, muchos tiene León; nacen, cruzan y pasan, pero nada ata y fija tanto como ese agua que corre, creando y afincando pueblos y comarcas, mosaico espléndido de vida y paisaje, con todo su drama, con toda su ternura, con toda su cultura, argumentando una profunda convivencia territorial.
Recorramos nuestra provincia y si queremos conocer sus mil quinientos pueblos no sigamos otros caminos que los del agua, en sus cuatro mil seiscientos kilómetros; los de sus ríos mayores que son ocho o diez, y los de sus quince o veinte ríos menores, afluentes de los primeros, amén de sus cientos do arroyos y arroyuelos, y con toda seguridad y venturosa sorpresa encontraremos, una por una, con sus nombres propios y sus vitolas inéditas pero elocuentes, aquellas mil quinientas aldeas. Las conoceremos en su digna, humilde compostura, en su carácter firme y escueto, en su quehacer silencioso, mano abierta, puerta abierta, regazo amable; en sus vecindades libres; observaremos aún el rito sobrio y solemne de sus concejos abiertos convocados a son de campaña tañida o repicada, donde el vecino —desbonetado— dice lo que tiene que decir, porque allí, donde a veces se come pan y se bebe vinos se llama al vino vino, y al pan pan, incluso cuando se riñe, porque también se riñe en el Concejo, sobre todo cuando algún vecino quiere pasarse de listo burlando el uso o la costumbre o simplemente el mandato concejil.