MANZANEDA DE OMAÑA: NO TODO ESTÁ PERDIDO...

NO TODO ESTÁ PERDIDO

Tanto en Tedejo, en Cabanillas, como en Sosas del Cumbral, en Navidad todo giraba en torno a los villancicos. Eran los protagonistas. Las vejigas se preparaban para anunciarlos. Las celebraciones dependían de los villancicos, y éstos, de las celebraciones. Pero estas costumbres desaparecieron, y también el papel y la función que desempeñaban.

A pesar de perder su funcionalidad, no dejaron de cantarse. Al contrario, los recién aparecidos medios de comunicación (radio, TV) eligieron unos cuantos, los que creían mejores o más comerciales difundiéndose Navidad tras Navidad. En las reuniones familiares se recurría siempre a éstos, por ser los más oídos; y los que no tuvieron la suerte de entrar en esta selección, se fueron olvidando, dejando de cantarse. A lo sumo, algunos de ellos se conservaron en reductos familiares, preferentemente rurales.

Este fenómeno hace que los villancicos se reduzcan al "Ande, ande" o al "Pero mira cómo beben...", olvidándonos de lo que son y han sido. El villancico se ha convertido, paradójicamente, en el miembro de la canción tradicional más familiar y a la vez el más desconocido para nosotros. Se hace cada vez más difícil que la gente los recuerde; Eulogio, Orosia, Irene y Eloy coincidieron tristemente en lo mismo: "Se cantaban muy bonitos, pero no me acuerdo ni del comienzo de alguno". Recuerdan que se cantaban y cuándo se cantaban, pero son incapaces de traerlos a la memoria.

No obstante, no todo está perdido. Con paciencia sabemos que a la larga, aunque no todos, algunos vuelven a recordarlos. Los villancicos que se cantaban en las Pastoradas o Corderadas que han llegado escritas hasta nosotros ya están a salvo, aunque lamentablemente, muchos libretos se han perdido y se perderán por considerarlos inservibles. Tremendo error contra el que hay que luchar denodadamente.