Otro caso es el del brujo de Seisón de la Vega, un curandero que trataba enfermedades como la ictericia, la histeria y las hemorroides con ciertas “hierbas de San Apapurcio”, machos o hembras según conviniese –eran machos si tenían un número par de bolitas, y hembras si el número era impar–, las metía en una pequeña bolsa y el paciente tenía que llevarlas en un bolsillo trasero, o bien cosidas a la ropa. A medida que se secaban las hierbas, iban desapareciendo las dolorosas hemorroides.
Aunque menos extendida, interesa también la creencia en ciertos diablos, que viven parásitos de las personas y actúan como si fuesen antiángeles de la guarda. Tal es el caso de los diablos o espíritus de las nubes, también llamados reñuberos, riñoberos o ñublaos, a los que generalmente se considera malignos. Para combatirlos en Rosales se emplea este conjuro:
Marcha, truena reñubera
a los montes Pirineos,
donde no hay pan ni paja,
no andes por estos careos.
Aunque menos extendida, interesa también la creencia en ciertos diablos, que viven parásitos de las personas y actúan como si fuesen antiángeles de la guarda. Tal es el caso de los diablos o espíritus de las nubes, también llamados reñuberos, riñoberos o ñublaos, a los que generalmente se considera malignos. Para combatirlos en Rosales se emplea este conjuro:
Marcha, truena reñubera
a los montes Pirineos,
donde no hay pan ni paja,
no andes por estos careos.