La pastorada:
Es el auto de Navidad leonés por excelencia aunque no el único; se llama pastorada por estar representado por los pastores, aunque en estas zonas se llama más comúnmente corderada, ya que en este acto se ofrece una cordera.
Los pastores iban vestidos con los tradicionales vestidos de pieles, y como en la mayoría de los pueblos no había pastores suficientes, se juntaban los de varios pueblos. Se "echaba" normalmente el día de Nochebuena, o el de Navidad, y a veces las actuaciones se repartían por una serie de pueblos limítrofes; en ese caso, también se representaban los días de Nochevieja y el Día del Año.
En la pastorada tradicional, las partes más importantes son: los pastores reunidos, edicto de empadronamiento, La Virgen y S. José van hacia Belén, el anuncio del ángel, los pastores cocinan las migas y las comen; los pastores van a adorar al Niño. Sin embargo el pueblo da mucha más importancia a una serie de poemas y villancicos que se cantan a la puerta de la Iglesia, y se bailan camino del Presbiterio, al igual que al ofrecimiento, donde los pastores solían despacharse a su gusto ridiculizando los defectos y comentando las injusticias de sus amos. A veces al final del acto, y también en verso, se intercalaban verdaderos sermones para adoctrinar al pueblo en materia religiosa.
Es el auto de Navidad leonés por excelencia aunque no el único; se llama pastorada por estar representado por los pastores, aunque en estas zonas se llama más comúnmente corderada, ya que en este acto se ofrece una cordera.
Los pastores iban vestidos con los tradicionales vestidos de pieles, y como en la mayoría de los pueblos no había pastores suficientes, se juntaban los de varios pueblos. Se "echaba" normalmente el día de Nochebuena, o el de Navidad, y a veces las actuaciones se repartían por una serie de pueblos limítrofes; en ese caso, también se representaban los días de Nochevieja y el Día del Año.
En la pastorada tradicional, las partes más importantes son: los pastores reunidos, edicto de empadronamiento, La Virgen y S. José van hacia Belén, el anuncio del ángel, los pastores cocinan las migas y las comen; los pastores van a adorar al Niño. Sin embargo el pueblo da mucha más importancia a una serie de poemas y villancicos que se cantan a la puerta de la Iglesia, y se bailan camino del Presbiterio, al igual que al ofrecimiento, donde los pastores solían despacharse a su gusto ridiculizando los defectos y comentando las injusticias de sus amos. A veces al final del acto, y también en verso, se intercalaban verdaderos sermones para adoctrinar al pueblo en materia religiosa.