MANZANEDA DE OMAÑA: No hay que caminar largas distancias en la montaña...

No hay que caminar largas distancias en la montaña leonesa para encontrar un arroyo o una fuente de agua que brota entre las piedras. Eso es lo que necesita un molino para funcionar: una corriente de agua, lanzada en una canaleta por una pendiente, que golpea unas paletas que a su vez hacen girar un eje que mueve una piedra con la forma y el tamaño de una rueda de camión. La molienda la producen esta piedra movible y otra fija que está por debajo. Se las llama muelas y los granos se van soltando entre ambas.

Era muy popular entonces la canción "que vengo de moler morena..." no había fiesta o celebración en que para animarla no se recurriera a ella y a algunas otras debido a que se podía cantar en coro y nadie se daba cuenta de quien lo hacía mal. La canción sigue "... de los molinos de arriba/ dormí con la molinera, olé olá/no me cobró la maquila/que vengo de moler morena..."

Sin embargo, no representaba la realidad en esos tiempos, aunque con la evolución posterior sí. Los molinos en la montaña leonesa no tenían dueño y por lo tanto tampoco había una molinera o un molinero. Eran de la comunidad y cada vecino cargaba en su burro el costal de grano, lo transportaba hasta el lugar de la instalación -que tenía que ser en las afueras sobre algún arroyo- y él mismo accionaba los mecanismos de puesta en marcha de las muelas.

La "maquila" de la que habla la canción era la parte de la molienda con la que se quedaba la molinera, dueña del molino -seguramente con maquinaria más moderna-, como pago por el servicio.

El molino harinero primitivo ha servido de inspiración a poetas y músicos anónimos; también a pintores. Es probable que en un rincón de los pueblos leoneses quede algo en pie para ser fotografiado y mostrado a quienes se interesen por el pasado.