Ya en el invierno, en las largas horas caseras, de veladas y de filandón se seguía con las labores más finas del lino. Primero, se "espadaba", se le daba con la espadilla o palo de madera. Para ello se cogía un zarpado de lino, todo lo que cabía en una mano, se apoyaba sobre una mesa y se asomaba poco a poco dándole el golpe con la espadilla hasta acabar todo el fardo. Una vez espadado se retorcía y se ataban las dos puntas. A esto lo llamaban cerros. Estos cerros pasaban al rastrillo (una tabla de unos 80 centímetros de alto por 25 centímetros de ancho con una endidura o hueco para meter el pie en la parte de abajo y unas puas muy finas). La función del rastrillo era dejar el hilo suelto. Al rastrillar se iban separando las distintas clases de fibra. La fibra más basta llamada estopona era la que reservaban para hacer las quilmas o sacos para el grano de trigo, centeno, habas, alubias y otos cereales. La fibra menos basta, la estupilla, más fina que la anterior se dedicaba para hacer sábanas, toallas, servilletas y manteles. La parte más fina era el lino con el que se hacían camisas, faldas y ropa interior. Luego se pasaba a la rueca (palo fino alrededor del cual se enroscaba el lino, que con el cartalojo se apretaba el lino en la rueca para que saliera más fino). La rueca se sujetaba entre la ropa a la cintura, se mantenía en posición diagonal, con la mano izquierda tiraban y cada poco humedecían los dedos con la saliva. En la mano derecha tenían el fuso (palito parecido a los palos de tocar el tambor con una ranura o muesca en la punta de la parte más fina con el fin de sujetar el principio de la mazorga o sea el hilo fino ya preparado. Se sacaba la mazorga del fuso y se colocaba con cuidado para que no se deshiciera el hilo. De las mazorgas se pasaba a la naspa donde se hacían las madejas. Las madejas que salían de la naspa se cocían, las tenían hirviendo en calderas de cobre por un rato. Luego las ponían al sol, para que se clarearan y se pusieran más blancas ya que el lino en las madejas era muy oscuro. Estaban al sol unos días, las lavaban y las volvían a secar. De este proceso salía un lino más blanco. Las madejas en metían en la devanadora con el fin de hacer los ovillos de hilo.
Una vez conseguidos los ovillos terminaba la parte o labor a realizar en el pueblo. Los ovillos se llevaban al tejedor. Había tejedores donde en los telares se trabajaban los ovillos y se entregaban ya en telas cuya anchura dependía de la anchura del telar y de largo hasta que se gastaran los ovillos. Luego, ya en casa se cortaba la tela para hacer todo tipo de ropa. Así se han venido vistiendo los paisanos y paisanas hasta los años 1950 a 1960, cuando era ya más fácil y accesible el acceder a otro tipo de telas.
P. D. En casa de mis bisabuelos en Guisatecha tenían un telar
Una vez conseguidos los ovillos terminaba la parte o labor a realizar en el pueblo. Los ovillos se llevaban al tejedor. Había tejedores donde en los telares se trabajaban los ovillos y se entregaban ya en telas cuya anchura dependía de la anchura del telar y de largo hasta que se gastaran los ovillos. Luego, ya en casa se cortaba la tela para hacer todo tipo de ropa. Así se han venido vistiendo los paisanos y paisanas hasta los años 1950 a 1960, cuando era ya más fácil y accesible el acceder a otro tipo de telas.
P. D. En casa de mis bisabuelos en Guisatecha tenían un telar