El autoabastecimiento en los pueblos del valle era casi total. La mayoría de los pueblos, especialmente los de Luna de Abajo, eran autosuficientes en alimentación: centeno, trigo, cebada, patatas, habas, garbanzos, lentejas, lechugas, berzas, dos cerdos al menos por familia, alguna cabra y oveja; a veces, las menos, un ternero, y varias veces en el año carne fresca de reses de vacuno (sacrificadas por accidente y compartidas como hemos visto solidariamente); leche, queso, cuajada, manteca, fruta, miel. Los únicos alimentos que se compraban eran, prácticamente, el vino, azúcar, aceite (incluso muchas comidas se aderezaban con "sebo", manteca o grasa de cerdo), arroz y especias. Ese abastecimiento llegaba casi a la ropa: hasta finales, al menos, del siglo XIX, se cultivaba el "lino". Por otra parte, con la lana de las ovejas se hacían chaquetas, jerseys, pasamontañas, calcetines...; incluso las "madreñas" se fabricaban alguna vez lo mismo que las populares "albarcas.