Los entierros se celebraban con bastante solemnidad y con presencia de todos los vecinos. La muerte era algo que convivía permanentemente en la comunidad. La muerte de niños y personas jóvenes era bastante frecuente. Por eso, la muerte se aceptaba como algo normal en el ciclo de la vida humana. El acto de morir más bien se consideraba, cuando no era de repente, como una especie de despedida. El testamento, hecho muchas veces ante testigos y en las horas finales, la recepción del Viático acompañado de familiares y vecinos, daban la impresión de una salida apacible de esta vida. Los muertos se enterraban en la Iglesia, al menos desde mediados del siglo XVII a mediados del siglo XVIII; doy estas fechas seguras porque son las que he comprobado en libros de algún pueblo. Esto no quiere decir que no se enterrasen en la Iglesia desde mucho antes. En los libros de difuntos se indicaba el sitio exacto del enterramiento, "del lado del Evangelio", "debajo del altar", "cerca de la puerta de entrada"...); en "el primer tramo del cementerio.. cuando se construyeron los "nuevos" cementerios; no obstante, los enterramientos seguirán siendo en la tierra hasta bien mediado el siglo XX en que se construyen nuevos cementerios dotados de nichos para su venta a perpetuidad. Por tanto, al final de su vida, el agricultor que había pasado la mayor parte de su vida trabajando la tierra, era cubierto por la propia tierra en su descanso eterno. Todavía no ha llegado a los pueblos la costumbre o innovación de la incineración.