MANZANEDA DE OMAÑA: La hierba y el centeno fueron durante siglos, posiblemente,...

La hierba y el centeno fueron durante siglos, posiblemente, los trabajos más fuertes y duros de estos pueblos. Ya que de la cultura del arado tratamos, veamos el proceso completo de siembra, recolección y fabricación del pan, a la usanza tradicional.

Arar. Todo terreno para la siembra exige una preparación conveniente. Como labores previas a la siembra del centeno hay que arar y abonar. Catón, autor romano, decía ya que lo mejor en el cultivo del suelo era arar bien; en segundo lugar, arar; y, sólo, en tercer lugar, estercolar.

Alonso de Herrera, recogiendo la doctrina de los autores romanos, dice que el arar la tierra tiene como beneficios principales los siguientes: abrir la tierra a los beneficios del sol y el agua; igualar la tierra toda; mezclar y conformar bien tierra, abonos, simiente; desmenuzar bien la tierra deshaciendo los terrones para que toda sea aireada.

Las tierras ligeras, según Catón, basta con que se aren una vez en la primavera y otra antes de sembrarse. Las tierras gruesas quieren tres rejas (Plinio dice que algunas, en Tosca­na, se araban hasta nueve veces). Las tierras recias quieren cuatro rejas. La primera faena del arar es alzar o barbechar (ralvar, en la zona); tiene lugar en el otoño, para que duran­te el invierno se pudra todo el rastrojo; la segunda, en primavera: binar (o segundar); al terciar, no muy lejos de la sementera, se ha de echar el abono, para que lo cubra la tierra, por eso al terciar se debe arar hondo para mezclar bien la tierra y el abono (al terciar se le suele llamar en la zona "dar vuel­ta"); en otros lugares, "dar vuelta" sería posterior (la cuarta labor).

Ya en el Libro de Job (1,14) se decía que en el otoño se araba la tierra con bueyes. Arqueológicamente está comprobado el empleo del arado en Palestina desde principios del segundo milenio.

El arado, como es lógico, ha sufrido diversas transformacio­nes a lo largo de los siglos, aunque no muy significativas. En un principio era todo de madera y de una sola pieza. Después se le pusieron unos palos laterales (orejeras) para verter la tierra. Mas tarde se utilizó la reja de hierro; ya en tiempos modernos se han hecho arados de hierro en su totalidad, fijos o convertibles (de dos direcciones). En estos pueblos se utilizaba constantemente el arado romano casi clásico con la reja de hierro; solamente sobre los años 50 de este siglo se utilizan arados de hierro para las tierras más fuertes y de regadío, especialmente para roturar tierras de alfalfa o pradera. No obstante, las tierras de cereales siempre se araban con el arado romano, y el mismo se utilizaba para todo tipo de siembras.

El arado consta de la reja, el dental (pieza de madera o hierro que sirve de apoyo a la reja), las orejeras (o vertederas), la cama (la pieza central del arado, a la que se unen todas las demás -es de madera arqueada-), el pescuño (cuña de madera que sujeta la reja a la cama), el timón (une la cama con el yugo de las vacas), y la esteva (el mango para guiar el arado).

Dice León Garré que ha habido muchos agricultores que, después de llevar cierto número de años utilizando arados de vertedera, han vuelto a echar mano de su arado común, inducidos a ello por la disminución alarmante de sus cosechas.
El tractor llegó muy tarde a la comarca, poco antes de desaparecer los cultivos. Para arar, se ha utilizado muy poco.