Otros productos importantes eran los llamados del "huerto" o de la "vega" por situarse normalmente cerca de los pueblos y desde luego en las tierras más fértiles y, por supuesto, de regadío. Lechugas, cebollas y ajos eran cultivos fijos e imprescindibles aunque no ocupaban grandes extensiones de terreno. Ya en tiempo de los romanos se diferenciaba entre "ager", el campo, en general, cultivable, y el "hortus", la tierra mejor y más próxima.
Los ajos suelen sembrarse en octubre o noviembre, aunque al ser terrenos de regadío también, a veces, se sembraban en enero o febrero. La tradición dice que si se ponen en creciente serán mayores, y si se remojaren dos días en leche y miel también serán mayores. Se han de regar de noche y una vez a la semana. También el refranero elogia los ajos: "Quítale al labriego el ajo, y lo conocerás en su trabajo". Y en cuanto a fechas: "Los ajos por Navidad, ni nacidos ni por sembrar".
Ya hemos dicho que la tierra se cultivaba siempre con el arado. No obstante, en estos pequeños huertos, en que las "eras de lechuga o de cebolla o de ajos" eran muy pequeñas, se sembraban, a veces, con la azada. Desde luego no se utilizaba el palote (desconocido en estos pueblos) a pesar de que según León Garré: "el trabajo efectuado con la pala (palote) es la labor más perfecta de todas”. También dice un antiguo adagio que "la pala tiene el pico de oro". Con la azada, la labor es mucho más rápida que la del palote, pero menos perfecta.
Esta variedad de cultivos que hemos visto tenía grandes ventajas para el agricultor. En estas zonas del Luna, por el hecho de diversificar mucho las simientes, el labrador estaba ocupado todo el año, sucesivamente. Cada planta tiene un período fijo de siembra, desarrollo y recolección; si las variedades fuesen muy pocas habría épocas de inactividad.
Los ajos suelen sembrarse en octubre o noviembre, aunque al ser terrenos de regadío también, a veces, se sembraban en enero o febrero. La tradición dice que si se ponen en creciente serán mayores, y si se remojaren dos días en leche y miel también serán mayores. Se han de regar de noche y una vez a la semana. También el refranero elogia los ajos: "Quítale al labriego el ajo, y lo conocerás en su trabajo". Y en cuanto a fechas: "Los ajos por Navidad, ni nacidos ni por sembrar".
Ya hemos dicho que la tierra se cultivaba siempre con el arado. No obstante, en estos pequeños huertos, en que las "eras de lechuga o de cebolla o de ajos" eran muy pequeñas, se sembraban, a veces, con la azada. Desde luego no se utilizaba el palote (desconocido en estos pueblos) a pesar de que según León Garré: "el trabajo efectuado con la pala (palote) es la labor más perfecta de todas”. También dice un antiguo adagio que "la pala tiene el pico de oro". Con la azada, la labor es mucho más rápida que la del palote, pero menos perfecta.
Esta variedad de cultivos que hemos visto tenía grandes ventajas para el agricultor. En estas zonas del Luna, por el hecho de diversificar mucho las simientes, el labrador estaba ocupado todo el año, sucesivamente. Cada planta tiene un período fijo de siembra, desarrollo y recolección; si las variedades fuesen muy pocas habría épocas de inactividad.