Garaño, pueblo señorial, y minero durante muchos años, parece que fue asentamiento de culturas antiguas y castros. Así lo describen poéticamente Florentino Díez y Luis Mateo Díez:
Apenas pasado este pueblo [La Magdalena] en la encrucijada tendremos, a la derecha, en un cabezo limpio y rocoso, el Castro de Garaño, del que dice la copla: “Balcón de valles queridos – bastión de vientos huraños”.. Quedan sobre la vallina del oeste los taludes defensivos y escalonados, perfectos. Sobre la del oriente serpea un arroyuelo que se lama del Alfolí, porque a su final existió un almacén mozárabe. Junto al castro, a su abrigo, y ya sobre la vega, el pueblecito de Garaño, adormido al eco de consejas que del castro brotan, evanescentes y alucinantes. [Díez94, 25].
La Magdalena ha sido, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, el pueblo de las minas, centro de trabajo y riqueza durante siglos; centro comercial y de diversión, encrucijada de caminos, hacia Babia y Asturias, hacia Omaña y Villablino, hacia la Ribera del Órbigo, hacia León y hacia la Robla. En el siglo XVIII se contaban hasta ocho molinos harineros, número, por otra parte, no exagerado, pues en pueblos más pequeños todavía en el siglo XX había tres o cuatro molinos pequeños para el servicio de varios socios. En la época floreciente de la trashumancia tuvo hospedería y hospital. En la época de la romanización fue el camino por donde la Legio VII pasó hasta Asturias.
Canales, célebre en otro tiempo por su búsqueda del oro, recibe su nombre del lavado de tierras, y no hace muchos años famoso por los tres mil y pico millones del primer premio de la lotería. A mediados del siglo XIX tenía, como industria, fabricación de paños y lienzos ordinarios. También tenía y tiene minas de hulla. Así lo veía en 1925 el P. César Morán:
Atravesando el río de las buenas truchas penetramos en los dominios de Canales, pequeño pueblecito, patria de varones ilustres, donde aparecen casas con escudos de armas que declaran la hidalguía de sus señores y donde se ven huertas con árboles que asoman por encima de las tapias cargados de tentadoras frutas... Son honrados, laboriosos, sencillos, hospitalarios, buenos cristianos y pobres.[Mor87, 29].
Quintanilla y Bobia, aunque ya en la carretera que lleva al valle de Omaña, todavía pertenecen al valle del Luna. El Cuerno de Bobia es un montículo con tradición de castro hoy totalmente abandonado del que ya hemos hablado más arriba.
Apenas pasado este pueblo [La Magdalena] en la encrucijada tendremos, a la derecha, en un cabezo limpio y rocoso, el Castro de Garaño, del que dice la copla: “Balcón de valles queridos – bastión de vientos huraños”.. Quedan sobre la vallina del oeste los taludes defensivos y escalonados, perfectos. Sobre la del oriente serpea un arroyuelo que se lama del Alfolí, porque a su final existió un almacén mozárabe. Junto al castro, a su abrigo, y ya sobre la vega, el pueblecito de Garaño, adormido al eco de consejas que del castro brotan, evanescentes y alucinantes. [Díez94, 25].
La Magdalena ha sido, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, el pueblo de las minas, centro de trabajo y riqueza durante siglos; centro comercial y de diversión, encrucijada de caminos, hacia Babia y Asturias, hacia Omaña y Villablino, hacia la Ribera del Órbigo, hacia León y hacia la Robla. En el siglo XVIII se contaban hasta ocho molinos harineros, número, por otra parte, no exagerado, pues en pueblos más pequeños todavía en el siglo XX había tres o cuatro molinos pequeños para el servicio de varios socios. En la época floreciente de la trashumancia tuvo hospedería y hospital. En la época de la romanización fue el camino por donde la Legio VII pasó hasta Asturias.
Canales, célebre en otro tiempo por su búsqueda del oro, recibe su nombre del lavado de tierras, y no hace muchos años famoso por los tres mil y pico millones del primer premio de la lotería. A mediados del siglo XIX tenía, como industria, fabricación de paños y lienzos ordinarios. También tenía y tiene minas de hulla. Así lo veía en 1925 el P. César Morán:
Atravesando el río de las buenas truchas penetramos en los dominios de Canales, pequeño pueblecito, patria de varones ilustres, donde aparecen casas con escudos de armas que declaran la hidalguía de sus señores y donde se ven huertas con árboles que asoman por encima de las tapias cargados de tentadoras frutas... Son honrados, laboriosos, sencillos, hospitalarios, buenos cristianos y pobres.[Mor87, 29].
Quintanilla y Bobia, aunque ya en la carretera que lleva al valle de Omaña, todavía pertenecen al valle del Luna. El Cuerno de Bobia es un montículo con tradición de castro hoy totalmente abandonado del que ya hemos hablado más arriba.