EL GENERAL LAUREADO
Nos resta destacar una faceta muy importante de la personalidad de D. Segundo, la valentía, el saber enfrentarse al peligro y la adversidad. Y entre todos las batallas que lidió destaca una en particular, muy lejos de Omaña.
Relata D. Olegario García de la Fuente (nuestro recuerdo también para este ilustre omañés que hace poco nos ha dejado) el hecho de armas ocurrido en Filipinas el 14 de junio de 1898, por el cual a Segundo García se le galardonó pocos años después - cuando sólo tenía 24 años - con la Laureada de San Fernando; También nos cuenta el que fuese el mayor investigador y divulgador de la figura de Don Segundo, cómo nuestro homenajeado, que dirigía la escolta del general Monet, salvó toda una columna de infantería enfrentándose al enemigo con tan sólo cuatro jinetes y resultando gravemente herido.
El arrojo con que actuó ante tan difícil situación, saltando a la carga y enfrentándose con tan escasos medios al enemigo, muy bien le haría merecedor de compartir con Calixto García, el tan famoso entre los soldados españoles "Mensaje a García".
CIEN AÑOS DESPUES
La batalla tuvo lugar el 14 de junio de 1898 y la Laureada de San Fernando le fué concedida el 29 de abril de 1902. Cien años después de derramar su sangre por tierras filipinas, en 1998, el 11 de agosto y en su pueblo natal, se recordaron todos estos hechos, rindiéndose el merecido homenaje a Don Segundo. Los actos, patrocinados por el Ayuntamiento de Murias de Paredes, fueron organizados por el C. I. T. "Umania" en colaboración con la Junta Vecinal de Vegapujín.
La primera celebración, de carácter religioso, fue oficiada por el P. Eduardo Pérez, secretario general de los Agustinos Filipinos y natural de Las Omañas, en la que se recordaba también al P. Luciano Rubio y a D. Olegario García de la Fuente, recientemente fallecidos.
Terminada la misa, y previa presentación del gran divulgador de los valores omañeses, José María Hidalgo, conferenció el también omañés de Ariego de Abajo, el historiador y doctor José Fernández Arienza. Tras la concurrida manifestación en la iglesia se procedió a una ofrenda floral en el lugar donde reposan los restos de Don Segundo.
El homenaje se cumplió definitivamente cuando días más tarde los vecinos del pueblo procedieron a colocar una placa conmemorativa en la casa donde nació Don Segundo, realizada por las hábiles manos del artesano Antonio Alvarez Alaiz.
EL RECUERDO FINAL
Deseamos con este modesto texto haber aportado algo al conocimiento general de la historia de León, de Omaña, y de sus gentes, para que no olvidemos a los que nos precedieron; ya que compartimos la idea que recogía Marcelino Nieto cuando decía que los pueblos que olvidan su historia decaen miserablemente.
Aprovechamos la ocasión para adherirnos públicamente a la petición que hacía D. Olegario García de la Fuente al Ayuntamiento de León, pidiendo una calle con el nombre de Don Segundo en la capital provincial, que a buen seguro se merece, a fin de lograr, como muy bien decía Cayón Waldaliso, que "los ecos de su personalidad no se apaguen en la distancia del tiempo, que es el sima del olvido".
Nos resta destacar una faceta muy importante de la personalidad de D. Segundo, la valentía, el saber enfrentarse al peligro y la adversidad. Y entre todos las batallas que lidió destaca una en particular, muy lejos de Omaña.
Relata D. Olegario García de la Fuente (nuestro recuerdo también para este ilustre omañés que hace poco nos ha dejado) el hecho de armas ocurrido en Filipinas el 14 de junio de 1898, por el cual a Segundo García se le galardonó pocos años después - cuando sólo tenía 24 años - con la Laureada de San Fernando; También nos cuenta el que fuese el mayor investigador y divulgador de la figura de Don Segundo, cómo nuestro homenajeado, que dirigía la escolta del general Monet, salvó toda una columna de infantería enfrentándose al enemigo con tan sólo cuatro jinetes y resultando gravemente herido.
El arrojo con que actuó ante tan difícil situación, saltando a la carga y enfrentándose con tan escasos medios al enemigo, muy bien le haría merecedor de compartir con Calixto García, el tan famoso entre los soldados españoles "Mensaje a García".
CIEN AÑOS DESPUES
La batalla tuvo lugar el 14 de junio de 1898 y la Laureada de San Fernando le fué concedida el 29 de abril de 1902. Cien años después de derramar su sangre por tierras filipinas, en 1998, el 11 de agosto y en su pueblo natal, se recordaron todos estos hechos, rindiéndose el merecido homenaje a Don Segundo. Los actos, patrocinados por el Ayuntamiento de Murias de Paredes, fueron organizados por el C. I. T. "Umania" en colaboración con la Junta Vecinal de Vegapujín.
La primera celebración, de carácter religioso, fue oficiada por el P. Eduardo Pérez, secretario general de los Agustinos Filipinos y natural de Las Omañas, en la que se recordaba también al P. Luciano Rubio y a D. Olegario García de la Fuente, recientemente fallecidos.
Terminada la misa, y previa presentación del gran divulgador de los valores omañeses, José María Hidalgo, conferenció el también omañés de Ariego de Abajo, el historiador y doctor José Fernández Arienza. Tras la concurrida manifestación en la iglesia se procedió a una ofrenda floral en el lugar donde reposan los restos de Don Segundo.
El homenaje se cumplió definitivamente cuando días más tarde los vecinos del pueblo procedieron a colocar una placa conmemorativa en la casa donde nació Don Segundo, realizada por las hábiles manos del artesano Antonio Alvarez Alaiz.
EL RECUERDO FINAL
Deseamos con este modesto texto haber aportado algo al conocimiento general de la historia de León, de Omaña, y de sus gentes, para que no olvidemos a los que nos precedieron; ya que compartimos la idea que recogía Marcelino Nieto cuando decía que los pueblos que olvidan su historia decaen miserablemente.
Aprovechamos la ocasión para adherirnos públicamente a la petición que hacía D. Olegario García de la Fuente al Ayuntamiento de León, pidiendo una calle con el nombre de Don Segundo en la capital provincial, que a buen seguro se merece, a fin de lograr, como muy bien decía Cayón Waldaliso, que "los ecos de su personalidad no se apaguen en la distancia del tiempo, que es el sima del olvido".