MANZANEDA DE OMAÑA: CUBIERTA...

CUBIERTA
La cubierta de cuelmo no se aplica exclusivamente en las armaduras de “parhilera” (fot. 69), sino también formando parte de las techumbres de tres o cuatro aguas formadas con la llamada copa o “faldón”, hecha con los citados anguilones o “limatesas”. La dominante en la primitiva construcción es la cubierta de dos aguas, mientras que la dispuesta a cuatro aguas, es la menos frecuente.

Los techadores encargados de este trabajo procedían de la comarca de Ancares (Lumeras) o del Bierzo. Trabajaban por la zona en la cubrición de nuevas viviendas o en la reparación de otras colocando biztechos (dobles techos de paja), aunque los vecinos más hábiles “techaban para ellos”. El oficio ha desaparecido prácticamente por la pérdida no sólo del cultivo del centeno que era el material empleado, sino por la progresiva sustitución de la paja por la teja y la losa, a costa de un sistema que, aunque primitivo, poseía propiedades térmicas superiores a la losa, pues era capaz de mantener una temperatura uniforme en invierno con un poco de fuego –en tomo a los 15° C–, y en el verano conservar el frescor de la estancia. Igualmente impedía que la nieve se acumulase sobre la cubierta, actuando a su vez como deslizante, haciendo el interior más agradable de lo que aparentemente se puede suponer. Con un buen desgranado de las espigas y ahumadas con los humos del llare, se evitaban los ratones en la cubierta y se conservaba sana la paja y el maderamen, tiznado con el característico sarro u hollín. Esto favorecía su perdurabilidad en un aceptable estado, que podía prolongarse hasta los veinte años con ciertos arreglos. El mayor inconveniente era su vulneravilidad a los incendios. Es por ello que las Ordenanzas obligaban su cuidado y una permanente prevención para con la lumbre de los hogares. A nivel constructivo se levantan los peñales o hastiales sobre la línea de la cubierta, para aislar del fuego una techumbre de otra, actuando las grindallas como protectores del muro y como fácil acceso al cumbre.

En la actualidad, las construcciones de paja se conservan en pajares y en escasísimos ejemplos de vivienda ya no habitada. En la mayoría de los pueblos se puede contemplar un buen número de cubiertas de fibrocemento, introducido en la década de los 70 (1978 en Murias de Ponjos). Al no poderse reparar las techumbres, se ha recurrido a este sistema que, si bien ofrece un panorama poco acorde con el entorno, ha facilitado, involuntariamente, la conservación de la arquitectura de cubierta vegetal, tan característica en toda la comarca. Por otra parte, en el año 1965 se aprueban Ordenanzas en distintos Ayuntamientos de la provincia de León, sobre techos de paja u otros de fácil combustión. Así, el Ayuntamiento de Campo de la Lomba establece el 9 de octubre de 1965, una “ordenanza para la exacción del arbitrio con fines no fiscales sobre techados con paja en edificios ubicados dentro de núcleos urbanos” 7. El 11 de octubre de 1965 el Ayuntamiento de Valdesamario reforma y aprueba las Ordenanzas sobre techados de paja 8 con el fin de evitar incendios. El Ayuntamiento de Vegarienza aprueba el 13 de noviembre del mismo año la “Ordenanza del arbitrio con fin no fiscal sobre cubiertas de paja en edificios urbanos” 9, al igual que hizo el Ayuntamiento de Riello 10. Esto facilitó su desaparición, de forma que de estos últimos preceptos es posible deducir la escasa importancia que a tales construcciones se daba, teniendo en cuenta lo avanzado del siglo. Por otro lado, la posible mala conservación en que empezaban a estar y la pobreza que aparentaban, influían en la negativa consideración, tanto como para no imponer el cobro de impuestos.