Bajo el Cueto Rosales, en la Puebla del Castillo y sobre un altozano protegido
por el rio, se yerguen, a duras penas, las rinas del Castillo del Benal, el baluarte
de los Quiñones en Omaña. El Castillo esta asentado sobre un antiguo castro, que algunos autores reconocen como Urbicoa, una antigua ciudad prerromana todavia no identificada, desde donde se divisa todo el Valle. Enrique segundo cedio el Castillo a Juan Gonzalez de Bazan, pasando en 1375 a Diego Fernandez de Quiñones quien, a costa del trabajo de los concejos, lo convirtio en una fortaleza inexpugnadle que el abandono tambien ha conseguido abatir. Contaba con un recinto amurallado de planta triangular, con um doble muro exterior, coronado por tres torres una trapezoidad de tres plantas y otras dos circulares.
Al Castillo de Benal y a la cercana torre de Ordas, estara ligada para siempre la leyenda de uno de los mas valerosos caballeros de la comarca, Don Ares de Omaña.
Heredero de la casa de Omaña y sobrino de Don Pedro Suarez de Quiñones,
señor de Luna y Adelantado del Rey. Don Ares estaba enfrentado a su tio por
una disputa familiar quien padecia el un odio desmedido.
Al cabo de un tiempo, y bajo el pretexto de una reconciliacion familiar,
Don Pedro solicita a su sobrino que se reuna con el en la torre de Ordas.
Todos abvierten al joven que se trata de una trama, pero Don Ares, de noble
corazon, ni se plantea esa posibilidad. Parte al encuentro de su tio y al llegar
a Ordas, es el propio Adelantado quien sale a recibirle. Es tan cordial el saludo
que Don Ares ordena a su guardia que permanexca fuera de la torre durante el
banquete que le ofrecen. La comida se celebra, y su sobremesa.
Y mientras Don Ares descansaba, su tio le corto la cabeza y la arrojo a su tropa
por la ventana con el encargo de que se la hicieran llegar a Doña Sancha,
la madre de Don Ares, su propia hermana.
Desde entonces, Don Ares, ha sido el favorito del pueblo. Duerme en su memoria y su
triste historia paso de boca en boca hasta convertirse en leyenda. Don Pedro a su
vez, cruel y despiadado, nunca mas conto con el favor de sus subditos.
Hasta oidos del Rey llego el relato, quien desde entonces desconfio de su de su
Adelantado y termino por destituirle de su cargo, nombrando a otro mas bueno
y mas prudente.
Y aunque los descendientes de Don Pedro quisieron lavar su nombre, el romance se
encargo de mantener viva la historia de la traicion."
por el rio, se yerguen, a duras penas, las rinas del Castillo del Benal, el baluarte
de los Quiñones en Omaña. El Castillo esta asentado sobre un antiguo castro, que algunos autores reconocen como Urbicoa, una antigua ciudad prerromana todavia no identificada, desde donde se divisa todo el Valle. Enrique segundo cedio el Castillo a Juan Gonzalez de Bazan, pasando en 1375 a Diego Fernandez de Quiñones quien, a costa del trabajo de los concejos, lo convirtio en una fortaleza inexpugnadle que el abandono tambien ha conseguido abatir. Contaba con un recinto amurallado de planta triangular, con um doble muro exterior, coronado por tres torres una trapezoidad de tres plantas y otras dos circulares.
Al Castillo de Benal y a la cercana torre de Ordas, estara ligada para siempre la leyenda de uno de los mas valerosos caballeros de la comarca, Don Ares de Omaña.
Heredero de la casa de Omaña y sobrino de Don Pedro Suarez de Quiñones,
señor de Luna y Adelantado del Rey. Don Ares estaba enfrentado a su tio por
una disputa familiar quien padecia el un odio desmedido.
Al cabo de un tiempo, y bajo el pretexto de una reconciliacion familiar,
Don Pedro solicita a su sobrino que se reuna con el en la torre de Ordas.
Todos abvierten al joven que se trata de una trama, pero Don Ares, de noble
corazon, ni se plantea esa posibilidad. Parte al encuentro de su tio y al llegar
a Ordas, es el propio Adelantado quien sale a recibirle. Es tan cordial el saludo
que Don Ares ordena a su guardia que permanexca fuera de la torre durante el
banquete que le ofrecen. La comida se celebra, y su sobremesa.
Y mientras Don Ares descansaba, su tio le corto la cabeza y la arrojo a su tropa
por la ventana con el encargo de que se la hicieran llegar a Doña Sancha,
la madre de Don Ares, su propia hermana.
Desde entonces, Don Ares, ha sido el favorito del pueblo. Duerme en su memoria y su
triste historia paso de boca en boca hasta convertirse en leyenda. Don Pedro a su
vez, cruel y despiadado, nunca mas conto con el favor de sus subditos.
Hasta oidos del Rey llego el relato, quien desde entonces desconfio de su de su
Adelantado y termino por destituirle de su cargo, nombrando a otro mas bueno
y mas prudente.
Y aunque los descendientes de Don Pedro quisieron lavar su nombre, el romance se
encargo de mantener viva la historia de la traicion."