Hidalgo a caballo
Habría otro parecido en cada comarca de médicos fieles a sus pacientes y a su tierra. El pasado año se homenajeó en su municipio, con absoluta justicia, a Heliodoro Hidalgo Robles, modelo de aquellos viejos médicos de maletín y sabiduría más que de medios, que acudía a ver a sus pacientes a caballo, contra viento y nieve, contra la noche, la ventisca y la distancia.
Nació Heliodoro Hidalgo en Riello y a Riello iría a ejercer su profesión, aunque no sin pasar algún disgusto propio del sistema caciquil de la época que permitía a los municipios dar la plaza de médico titular a su justo entender o, algunas veces, a su injusto entender.
El joven Heliodoro estudió medicina en Salamanca sin olvidar el ejemplo de honradez e inteligencia de su padre, huérfano desde niño, que aprendió el oficio de confitero en León y se traslado a Riello donde primero fue confitero y después tuvo una tienda de ultramarinos que le permitió dar carrera a tres hijos.
Heliodoro Hidalgo fue un estudiante destacado, sobre todo en cirugía y ginecología, por lo que le ofrecieron la posibilidad de quedarse en un hospital como obstetra. Pero él prefería regresar a Riello y ejercer la profesión en la extensa y dura comarca de Omaña, con más de cuarenta pueblos a su cargo. Tampoco escucho los cantos de sirena de la plaza de Villablino, que suponían una importante mejora salarial pues también sería médico de las minas, y permaneció en su Riello natal y su comarca, donde las gentes le recordaban con enorme cariño. ¿Cuánto partido le sacó a sus conocimientos de cirugía y ginecología en una tierra con tantos problemas de aislamiento, lejanía, nevadas y soledad!
Habría otro parecido en cada comarca de médicos fieles a sus pacientes y a su tierra. El pasado año se homenajeó en su municipio, con absoluta justicia, a Heliodoro Hidalgo Robles, modelo de aquellos viejos médicos de maletín y sabiduría más que de medios, que acudía a ver a sus pacientes a caballo, contra viento y nieve, contra la noche, la ventisca y la distancia.
Nació Heliodoro Hidalgo en Riello y a Riello iría a ejercer su profesión, aunque no sin pasar algún disgusto propio del sistema caciquil de la época que permitía a los municipios dar la plaza de médico titular a su justo entender o, algunas veces, a su injusto entender.
El joven Heliodoro estudió medicina en Salamanca sin olvidar el ejemplo de honradez e inteligencia de su padre, huérfano desde niño, que aprendió el oficio de confitero en León y se traslado a Riello donde primero fue confitero y después tuvo una tienda de ultramarinos que le permitió dar carrera a tres hijos.
Heliodoro Hidalgo fue un estudiante destacado, sobre todo en cirugía y ginecología, por lo que le ofrecieron la posibilidad de quedarse en un hospital como obstetra. Pero él prefería regresar a Riello y ejercer la profesión en la extensa y dura comarca de Omaña, con más de cuarenta pueblos a su cargo. Tampoco escucho los cantos de sirena de la plaza de Villablino, que suponían una importante mejora salarial pues también sería médico de las minas, y permaneció en su Riello natal y su comarca, donde las gentes le recordaban con enorme cariño. ¿Cuánto partido le sacó a sus conocimientos de cirugía y ginecología en una tierra con tantos problemas de aislamiento, lejanía, nevadas y soledad!