Otra pulsación de la cuerda popular resuena en el episodio del ascenso al arco iris, icono en la mitología universal de la puerta al más allá (en el folklore de los pueblos amerindios) la imagen de la armonía y la reconciliación (en la tradición cristiana), promesa de que nunca más volverá a repetirse el diluvio. En el relato de Xosepe Vega el arco iris otorga al gamusino la altura suficiente para adivinar el paradero de su arroyo. A esa cumbre lo iza el tiempo (las sogas de la hilandera), en uno de los pasajes más bellos del relato, delicadamente matizado por los juegos de luz, color y perspectiva. La historia del gamusino es el relato de la maduración de un personaje inocente que alcanza a mirar desde más lejos y contrastar la nueva experiencia con lo que él ya había intuido y sabía en la profundidad de su corazón. La melancolía del gamusino es la del yo que se juzgaba erróneamente la única singularidad. El viaje maravilloso concluye en el punto de partida, cuando el héroe descubre que su soledad provenía de un problema de percepción. El soñador gamusino sabe diferenciar ahora lo bueno de lo malo, algo que sería deseable también para los humanos. Ser gamusino es, en efecto, una de las cosas más difíciles de este mundo