Menéndez Pidal se enamoró perdídamente de Omaña (no me extraña), especialmente de su dialecto y riqueza linguística. Pasaba largas temporadas en Curueña, en casa de su amigo Vicente Flórez Quiñones y Tomé (el que nos quitó el "pan del cuarto") y una cosa que le fascinaba, era la gran facilidad de los omañeses para componer y aderezar coplas, cuando algún acontecimiento o circunstancia especial así lo requería. En Santibáñez, tenía mucho predicamento para estas habilidades, una tal Alcides, casada ... (ver texto completo)
Es muy interesante lo que nos cuentas, y tienes una estupenda narrativa. Contigo se aprenden muchas cosas, gracias por ello.
