Vengo con la mirada desencajada, los huesos molidos, las asentaderas me arden, el cuerpo se me descompone, el sudor me ciega pero está todo por bién dado al ver que me extiendes tu deliciosa mano enjorcada y yo la recibo cómo dulce y sabrosa miel fresca y reconfortante que me hace olvidar todas mis dolencias y desventuras acaecidas en tanta batalla, refriega y enfrentamiento. Solicito que me ayudes a subir a nuestros aposentos para que los criados me pongan a remojo y adecenten mi penosa, puerca ... (ver texto completo)
¡Oh.... horror.... cuanta desdicha! ¿pero que te han hecho amor de mis amores?.... ¿como es posible que traigas el pendón hecho trizas? (y yo dejándome ahí los güellos! en el bordado).... menos mal que parece que no te han herido de gravedad....... ven, que te ayude.... apóyate en mi brazo enjorcado y déjame que te quite con mi pañuelo de damasco el sudor de tu frente.... ahora mismo haré llegar al Conde (que no Marqués) de la Reguerona un paje con el aviso de nuestra tardanza..