En mi
casa, como en todas las de Omaña, me llamaban por mi nombre terminado en "ín" como corresponde a la
tradición y buenas
costumbres. Pero uno, aunque sin conciencia de ello y por una temporada y nada más a nivel familiar y poco más, por imitación, que es como se aprende la mayor parte de las veces, sobre todo a nivel temprano, hizo que se cambiase el "ín" por "on".
Un día, a la hora incierta, cuando las
sombras empiezan a difuminarlo todo, cuando en la casa "cimera" del
pueblo de
Folloso,
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