En los Bermejos apenas se ven, y debajo del
puente desvencijado que une a los
ríos que vienen de Muñenes y Becenes, donde era inevitable ver alguna, el pasado
verano no había ni rastro. En un
paseo a lo largo del
río asomándome en los lugares donde era previsible verlas, sólo las hallé en el arranque del
camino de la Becerrera, una, y en el
pozo donde antiguamente nos bañábamos (cuatro o cinco). Los chavales ya no se acercan al río para
pescar unas truchas. Las amas de
casa van al camión del supermercado
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