Se compone de dos cuencos muy antiguos; el copón propiamente dicho y otro que le sirve de peana, hechos en
piedra de ónice. Doña Urraca (1033-1101) donó sus joyas personales para decorar estos cuencos.
Las piezas de ónice están recubiertas de oro en la copa, nudo y peana, dejando al descubierto parte de la copa y casi toda la peana. El interior de la copa también está revestido de oro. Este metal está trabajado con gran delicadeza en filigranas que forman dibujos, arquillos, espirales y pequeños caracoles. En los huecos se incrustaron zafiros, perlas, esmeraldas, aljofares y un camafeo de pasta vítrea en el que se representa un rostro sonriente.