El Pego le llamaban (se lo llamaba él) a un cuñado de tio Bernardo. Un día fue a jugar la partida a Torrebarrio y por no volver para
San Emiliano se quedó a dormir en
casa de Resti, en el banc de la cocina.
Yo regresé de
fiesta sobre las cuatro de la mañana y como tenía hambre, di la luz y abri la navaja para cortar el
pan, todo ello sin ver al pego, que estaba tapado por la mesa. Como era una navaja de muelles empezó ta, ta, ta... Y al oireso él se pensó que yo era alguien que iba a robar (además
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