Sólo en sueños,
sólo en el otro mundo del sueño te consigo,
a ciertas horas, cuando cierro
puertas
detrás de mí.
¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan,
... y ahora estoy preso en su sortilegio,
atrapado en su red!
¡Con qué morboso deleite te introduzco
en la
casa abandonada, y te amo mil veces
de la misma manera distinta!
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