Hace unos días hablando de las sabrosas, socorridas e inestimables patatas en la alimentación cotidiana en nuestra tierra, ya fuesen fritas, en cachelos, cocidas sin nada, sazonadas, con chichos, con aceite, con grasa, con manteca, acompañando los fréjoles, y las berzas o en la tortilla, con costilla o con liebre, enteras o machacadas, me hacía la pregunta retórica de qué harían nuestros ancestros, antes del descubrimiento, sin ellas.
En estos días mirando y remirando las
fotografías que amablemente
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