Aquella mujer (u hombre) se casó con un olmo.
Lo cuidó muy bien desde el primer momento. Le cambió el abono para sus raíces y le dosificó cuidadosamente el riego. Después fue podando las ramas que le parecían innecesarias, las que no le gustaban y las que, simplemente, daban hojas con
colores disonantes con el tono de los muebles de su
casa.
Pasado algún tiempo la muer comenzó a pedir a su marido peras diariamente y, ante la negativa, continuó podando.
Dio a las ramas del olmo tal forma a fuerza
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