siempre que nevaba "rezabamos" para que no pudiera pasar la collada, o que tuviera que dar la vuelta.... que a veces bajando la cuesta del gallinero de olleros pegaba cada patinazo...
Como recuerdo yo eso también. Que nevadas. Un día recuerdo que teníamos que ir los mayores bajándonos en marcha por la puerta trasera y empujar del autobús de Remigio, por la cuesta de Olleros. Tenía tracción trasera y culeaba. Evitamos ir pa la cuneta. Que recuerdos.
A nosotros nos llevaba a veces un autocar con los asientos de madera, aquel traqueteo era infernal.
Y recuerdo cuando llovía, que teníamos que abrir los paraguas dentro, porque iba lleno de goteras, ja, ja, ja!
Otra vez que se rompió en lo alto de la Collada un tuvo de líquido de los frenos, y tuvimos que ir hasta Otero en punto muerto y tirando del freno de mano, ¡pa matarnos!
El pobre hombre era muy fín, no me acuerdo de su nombre, pero le llamábamos El Trol. Cuántas veces le hicieron la prueba de alcoholemia, y siempre daba positivo. Nada, esperábamos media horita, y ya podíamos seguir. ¡Qué fuerte, ja, ja, ja!
Y recuerdo cuando llovía, que teníamos que abrir los paraguas dentro, porque iba lleno de goteras, ja, ja, ja!
Otra vez que se rompió en lo alto de la Collada un tuvo de líquido de los frenos, y tuvimos que ir hasta Otero en punto muerto y tirando del freno de mano, ¡pa matarnos!
El pobre hombre era muy fín, no me acuerdo de su nombre, pero le llamábamos El Trol. Cuántas veces le hicieron la prueba de alcoholemia, y siempre daba positivo. Nada, esperábamos media horita, y ya podíamos seguir. ¡Qué fuerte, ja, ja, ja!
Vamos que al famoso Trol, lo sufristeis en silencio, como al hemoal. Cuando él se azufraba, vosotr@s tardabais dos horas en llegar, no?
Que era a diario. Pero los guardias sólo lo paraban una vez al mes, el resto lo dejaban tranquilo.
Ya debía salir de casa bien cocido, luego iba a llevar a los mineros, "desayunaba", y después a por nosotros. Llevaba una tajada todos los días! Pero de aquello no estaba tan mal visto lo de beber y conducir, claro, y nadie decía nada, pero ahora le hubiesen quitado el carnet el primer día.
Ya debía salir de casa bien cocido, luego iba a llevar a los mineros, "desayunaba", y después a por nosotros. Llevaba una tajada todos los días! Pero de aquello no estaba tan mal visto lo de beber y conducir, claro, y nadie decía nada, pero ahora le hubiesen quitado el carnet el primer día.
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