A nosotros nos llevaba a veces un autocar con los asientos de madera, aquel traqueteo era infernal.
Y recuerdo cuando llovía, que teníamos que abrir los paraguas dentro, porque iba lleno de goteras, ja, ja, ja!
Otra vez que se rompió en lo alto de la Collada un tuvo de líquido de los frenos, y tuvimos que ir hasta Otero en punto muerto y tirando del freno de mano, ¡pa matarnos!
El pobre hombre era muy fín, no me acuerdo de su nombre, pero le llamábamos El Trol. Cuántas veces le hicieron la prueba de alcoholemia, y siempre daba positivo. Nada, esperábamos media horita, y ya podíamos seguir. ¡Qué fuerte, ja, ja, ja!
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