Sí, Fueya, D. Juan dejó un gran hueco en el
pueblo. Era una persona con un gran carisma, aparte de ser nuestro párroco. Se ganaba a toda la gente, bien en medio de la
juventud, jugando una partida en el
bar con los hombres o con los equipos del rosario con las mujeres. Era el cura que cualquier pueblo siempre querría tener. Nos dejó un gran y singular recuerdo. Como dice García Márquez, no nos apenemos por que se haya ido, alegrémonos por todo lo que lo disfrutamos, mientras estuvo entre nosotros.