En los primeros años del siglo XXI se llevó a cabo una restauración exhaustiva de la torre en toda su altura y en sus cuatro costados, fachadas e interior de las salas. Las obras comenzaron de arriba abajo y como el gallo se hallaba en lo más alto fue lo primero que se desmontó para su estudio, limpieza y restauración. Se llevó la pieza a los talleres de restauración y desde el primer momento arqueólogos, historiadores y restauradores supieron ver que estaban ante una obra de arte excepcional y cargada de historia