CANALES: Estupendo artículo, querida Secre. Tuvo que pasar que...

MI QERIDO RIO LUNA 2ª parte
El día se presentaba esplendido y había que darse prisa antes de que “apretara” el sol.
Después de una buena caminata hasta el Espinadal nos instalamos en una chopera a la orilla del río.
Rápidamente se repartieron las tareas — ¡Los pequeños a recoger leña para el fuego!—Miré con envidia a los mayores que se dirigían al río y me prometí a mí misma que ese día yo también iba a pescar.
Más tarde y después de alguna regañina por mi falta de colaboración, — ¡te entretienes con cualquier bicho!—, me dejaron en libertad.
Caminé hacia el río decidida a enfrentarme con aquel otro “bicho” que sin saber por qué (luego lo supe) me daba tanto miedo.
Cambié mi calzado por unas alpargatas viejas, las adecuadas para no resbalar en las piedras, y me metí en el agua. Permanecí muy quieta mirando el fondo pedregoso del río. De pronto una sombra verdosa se desplazó rápidamente de una piedra a otra situada cerca de mis pies. Levanté la piedra con cuidado y ¡allí estaba!, grande y hermoso con unas enormes pinzas, Recordé lo ricas que estaban en el plato y sin pensarlo dos veces metí mi mano en el agua y lo agarré fuertemente. De pronto sentí un dolor agudo en un dedo, di un grito y solté la presa, pero el causante de mis males seguía allí, amarrado a mi dedo. Grité histérica, sacudí la mano repetidamente y perdí pie cayendo al agua. El dolor cambió de sitio asentándose en mis posaderas mientras el culpable desaparecía rápidamente debajo de unas grandes piedras.
Mis hermanos acudieron corriendo pensando que una culebra era la causante de tanto alboroto; cuando le dije, berreando, que un cangrejo me había mordido soltaron la carcajada. —Eres una niña llorona y quejica, me dijeron; los cangrejos no muerden, pellizcan. Y se fueron para continuar pescando no sin antes dedicarme una mirada burlona.
Sentada en medio del río, humillada y dolorida, decidí que un día aprendería a atrapar aquellos malditos bichos.

Empieza a atardecer; mis recuerdos se diluyen; fijo de nuevo mi atención en el río, nubes de mosquitos comienzan a poblar su superficie. La brisa ha cesado y en los árboles no se mueve ni una hoja. Pienso que ha llegado el momento de pescar con mosca como bien saben los buenos pescadores.
Miro por última vez la superficie plateada de nuestro querido Río Luna y ya no veo aquella niña que fui, me levanto con pereza y emprendo el regreso a casa; mi presente me reclama.
Vuelvo a sonreír pensando que, a pesar de todo, nunca aprendí a pescar cangrejos.
Yoli (secre)

Estupendo artículo, querida Secre. Tuvo que pasar que no supiste pescar cangrejos, para que ahora nos lo hagas recordar con tan bonito artículo. Gracias por él.