Diario de un minero en marcha
Dia 27-junio
¡Qué día! Esta etapa ha sido la más costosa. No sé por qué, pero lo cierto es que he llegado destrozado. Han sido muchos kilómetros, y aunque no ha pegado el calor como en la anterior, lo cierto es que el camino se nos hacía eterno. Creo que vamos a un ritmo demoledor y no sé cuando reduciremos la marcha, ya que de seguir así no sé cuantos vamos a quedar.
Hoy teníamos que dar el tipo. Con nosotros estaban los héroes de la marcha del 92 con 20 años más. Solo faltaba que no pudiéramos rendirles el merecido homenaje, aunque por el camino hubo algún desmayo. Eso sí, tan solo un susto, porque el compañero siguió adelante.
Está claro que cuando peor lo pasas, más compañerismo se respira. Ahora somos una auténtica familia entre leoneses, asturianos y palentinos. Todo es mas llevadero porque si compartes las penas todo se asimila mucho mejor.
Estamos destrozados después de esta larga caminata. El asfalto es demoledor y ahora lo que más duele es ver como las rectas con las que nos encontramos se hacen eternas. Es la introducción de lo que ese avecina ahora, aunque lo que peor llevo es que cada vez que nos alejamos más, es más complicado que la familia te acompañe. Eso no se lleva nada bien porque hasta ahora te sentías más arropado, pero cada vez que nos alejamos de casa y nos acercamos a Madrid te apodera una sensación de soledad que compartimos todos los mineros de esta marcha.
Y mientras los veteranos, entre los que se encuentra mi tío Plácido, me pone las pilas “Parecéis unas niñas. Nosotros hacíamos más kilómetros”. Que le vamos a hacer, ellos saben lo que es la marcha y para nosotros es un orgullo que 20 años después nos acompañen estos mineros que lucharon entonces por la misma causa que nosotros. Parece que este es el cuento de nunca acabar.
Mientras, el camino se hace más corto recordando al ministro Soria al que tenemos en nuestras oraciones en todo momento, aunque está claro que en ningún momento sale bien parado. Parece que el está en su mundo y no tiene ni idea de lo que está pasando. Estamos sufriendo para llegar a Madrid. Los compañeros empiezan a sufrir mucho más los kilómetros que llevamos encima. Pero tenemos fuerzas y lo vamos a dar todo porque estamos convencidos de que esta batalla la vamos a ganar. Nuestros compañeros del 92 son el claro ejemplo y vamos a mantener esta lucha en su honor. Por ellos, por nosotros y por la supervivencia de la minería.
Dia 27-junio
¡Qué día! Esta etapa ha sido la más costosa. No sé por qué, pero lo cierto es que he llegado destrozado. Han sido muchos kilómetros, y aunque no ha pegado el calor como en la anterior, lo cierto es que el camino se nos hacía eterno. Creo que vamos a un ritmo demoledor y no sé cuando reduciremos la marcha, ya que de seguir así no sé cuantos vamos a quedar.
Hoy teníamos que dar el tipo. Con nosotros estaban los héroes de la marcha del 92 con 20 años más. Solo faltaba que no pudiéramos rendirles el merecido homenaje, aunque por el camino hubo algún desmayo. Eso sí, tan solo un susto, porque el compañero siguió adelante.
Está claro que cuando peor lo pasas, más compañerismo se respira. Ahora somos una auténtica familia entre leoneses, asturianos y palentinos. Todo es mas llevadero porque si compartes las penas todo se asimila mucho mejor.
Estamos destrozados después de esta larga caminata. El asfalto es demoledor y ahora lo que más duele es ver como las rectas con las que nos encontramos se hacen eternas. Es la introducción de lo que ese avecina ahora, aunque lo que peor llevo es que cada vez que nos alejamos más, es más complicado que la familia te acompañe. Eso no se lleva nada bien porque hasta ahora te sentías más arropado, pero cada vez que nos alejamos de casa y nos acercamos a Madrid te apodera una sensación de soledad que compartimos todos los mineros de esta marcha.
Y mientras los veteranos, entre los que se encuentra mi tío Plácido, me pone las pilas “Parecéis unas niñas. Nosotros hacíamos más kilómetros”. Que le vamos a hacer, ellos saben lo que es la marcha y para nosotros es un orgullo que 20 años después nos acompañen estos mineros que lucharon entonces por la misma causa que nosotros. Parece que este es el cuento de nunca acabar.
Mientras, el camino se hace más corto recordando al ministro Soria al que tenemos en nuestras oraciones en todo momento, aunque está claro que en ningún momento sale bien parado. Parece que el está en su mundo y no tiene ni idea de lo que está pasando. Estamos sufriendo para llegar a Madrid. Los compañeros empiezan a sufrir mucho más los kilómetros que llevamos encima. Pero tenemos fuerzas y lo vamos a dar todo porque estamos convencidos de que esta batalla la vamos a ganar. Nuestros compañeros del 92 son el claro ejemplo y vamos a mantener esta lucha en su honor. Por ellos, por nosotros y por la supervivencia de la minería.