Yo creo que ya no furrulo bien, llegué a
casa sin las llaves, eso creía, me fuí otra vez al
hospital creyendo que las había dejado en la taquilla, pues no, estaban en el asiento del copiloto, yo lo miré allí antes de ir de vuelta y no estaban o no las vi, le eché la oración a
San Antonio y resulta que estaban, y bien a la vista. Ya no sé si el
santo las puso allí o es que me abrió los ojos para que las viera.