VIEJA CARICIA
Beso la piel del lirio en la ribera
y las heladas lunas de la fuente.
Beso el pulso lejano que en tu frente
puso la luz del día por bandera.
Pongo nubes de estrellas a tu vera,
y un vértigo de sueños que alimente
este amor que me nace de repente
como un pájaro loco en primavera.
Esta vieja caricia que renace,
al socaire del beso presentido,
me está pidiendo a versos que te abrace.
Y mi amor, amor mío, enardecido,
en quemar la distancia se complace
desde la medianoche del olvido.
Félix Antonio García Díez.
Beso la piel del lirio en la ribera
y las heladas lunas de la fuente.
Beso el pulso lejano que en tu frente
puso la luz del día por bandera.
Pongo nubes de estrellas a tu vera,
y un vértigo de sueños que alimente
este amor que me nace de repente
como un pájaro loco en primavera.
Esta vieja caricia que renace,
al socaire del beso presentido,
me está pidiendo a versos que te abrace.
Y mi amor, amor mío, enardecido,
en quemar la distancia se complace
desde la medianoche del olvido.
Félix Antonio García Díez.
Que bonitos los poemas. ¿Quien es Felix Antonio querido presi?
Sonetos al atardecer
Carlos Murciano llama a este poeta leonés, cuya obra se ha comenzado a publicar tardíamente, “Artesano del endecasílabo”.
EUCARISTÍA
Hostia de pan candeal, blanca clausura,
beso de paz en amorosa espera,
donde Dios ha clavado la bandera
de sus ojos de carne. Veladura
de la mística espiga, que apresura
su ofrenda de milagros en la era
de nuestro corazón sin primavera.
¡Dios, qué parva de amor, qué trilladura!
Hostia de fuego y luz, sacro delirio,
crisol de nuestra carne, donde el lirio
comulga con las níveas azucenas.
Eucaristía en flores consagradas,
blanco pastor de espigas inmoladas,
primavera de Dios por nuestras venas.
F. Antonio García Díez.
Carlos Murciano llama a este poeta leonés, cuya obra se ha comenzado a publicar tardíamente, “Artesano del endecasílabo”.
EUCARISTÍA
Hostia de pan candeal, blanca clausura,
beso de paz en amorosa espera,
donde Dios ha clavado la bandera
de sus ojos de carne. Veladura
de la mística espiga, que apresura
su ofrenda de milagros en la era
de nuestro corazón sin primavera.
¡Dios, qué parva de amor, qué trilladura!
Hostia de fuego y luz, sacro delirio,
crisol de nuestra carne, donde el lirio
comulga con las níveas azucenas.
Eucaristía en flores consagradas,
blanco pastor de espigas inmoladas,
primavera de Dios por nuestras venas.
F. Antonio García Díez.