hola lolin, siento lo de f1, pero queda el consuelo que no ha ganado el h....
Hoy la culpa es toda de Ferrari, Red Bull les tiró el anzuelo y picaron como novatos.
Fair Play [Abu Dhabi]
Llevo tres temporadas consecutivas que siento que cuando ha terminado todo me han tomado el pelo. Salvo a Kimi en su título de 2007 porque lo suyo fue merecido y se resolvió limpio, a pesar de la evidencia de que el por entonces mi Felipe se portó como un perfecto gentleman cediendo su chance para favorecer a quien realmente se merecía el premio.
2008 me resultó lamentable porque tuve la intuición de que había ganado el menos malo, y 2009 me molestó por cómo resolvió Brawn la amenaza Barrichello… 2010 ha sido un más de lo mismo que no me ha hecho puñetera gracia.
Obviamente la guerra de seminaristas se ha decantado a favor de Horner en detrimento de Domenicali, pero todo ha olido demasiado a sacristía como para que resulte pasable.
Red Bull se ha encargado de cantar a los cuatro vientos su limpieza de sangre, su deportividad por encima de todo, que no iba a aplicar órdenes de equipo… porque sabía perfectamente que no iban a hacer puñetera falta. Sacrificando a Webber lanzaban al agua un anzuelo que mordía Ferrari como una novata. Del resto se encargaba un despliegue que contaba con dos leales Toro Rosso (filial de la austriaca) y dos Renault sobre la pista, que sin jugarse nada estos últimos, han hecho añicos las posibilidades de Lewis Hamilton y Fernando Alonso, demostrando que la deportividad es un concepto inaplicable en estos nuevos tiempos que vienen imponiendo los mercaderes de la cosa.
No voy a ser tan ladino de ponerme a preguntar dónde anda ahora Peter Sauber, que aún no ha recriminado públicamente el exceso de alegría mostrada por los de la marca gala, motoristas de Red Bull, arietes del negocio de Don Carlos Ghosn, o los malos modos mostrados por los chicos de la bebida energética con Nira Juanco, porque se me podría tachar de mal perdedor, aunque espero que comprendáis que me joda tanta hipocresía como impera en el paddock.
El error de Ferrari no tiene paliativos ni admite paños tibios. El muro de la mamma ha sido el único responsable de que un piloto que partía tercero con el título en el bolsillo, haya terminado séptimo y con lágrimas en los ojos. Pero si esto es un deporte y se hace llamar como tal, cabría reclamar algo de caballerosidad entre sus participantes, un fair play para el cual ya no hay sitio, pero al que considero que es necesario seguir aspirando siquiera por rendir homenaje a una tradición que entendió siempre que se debía un respeto a los que se estaban jugando algo sobre el asfalto.
¿Y Vettel? Lo siento. Si su escudería, por boca de sus portavoces, puso en duda la legitimidad del posible triunfo de Fernando en el mundial si no lo conseguía por un saldo superior a 7 puntos, no trago en considerarlo el campeón legítimo tras el juguete roto que ha dejado a su paso, su compañero, y la facilidad que ha tenido para imponerse cuando nadie le ha hecho sombra, porque visto lo visto, cualquiera que hubiera disfrutado de sus mismas o parecidas ventajas y ángeles custodios, habría obtenido idéntico resultado o uno más provechoso, aunque juro que desde ya le trataré con el respeto que se merece cualquier tipo que se alza con el título de pilotos, por mucho que no me guste un pelo.
Pasemos página cuanto antes y miremos a marzo próximo. Aquí seguiremos.
Llevo tres temporadas consecutivas que siento que cuando ha terminado todo me han tomado el pelo. Salvo a Kimi en su título de 2007 porque lo suyo fue merecido y se resolvió limpio, a pesar de la evidencia de que el por entonces mi Felipe se portó como un perfecto gentleman cediendo su chance para favorecer a quien realmente se merecía el premio.
2008 me resultó lamentable porque tuve la intuición de que había ganado el menos malo, y 2009 me molestó por cómo resolvió Brawn la amenaza Barrichello… 2010 ha sido un más de lo mismo que no me ha hecho puñetera gracia.
Obviamente la guerra de seminaristas se ha decantado a favor de Horner en detrimento de Domenicali, pero todo ha olido demasiado a sacristía como para que resulte pasable.
Red Bull se ha encargado de cantar a los cuatro vientos su limpieza de sangre, su deportividad por encima de todo, que no iba a aplicar órdenes de equipo… porque sabía perfectamente que no iban a hacer puñetera falta. Sacrificando a Webber lanzaban al agua un anzuelo que mordía Ferrari como una novata. Del resto se encargaba un despliegue que contaba con dos leales Toro Rosso (filial de la austriaca) y dos Renault sobre la pista, que sin jugarse nada estos últimos, han hecho añicos las posibilidades de Lewis Hamilton y Fernando Alonso, demostrando que la deportividad es un concepto inaplicable en estos nuevos tiempos que vienen imponiendo los mercaderes de la cosa.
No voy a ser tan ladino de ponerme a preguntar dónde anda ahora Peter Sauber, que aún no ha recriminado públicamente el exceso de alegría mostrada por los de la marca gala, motoristas de Red Bull, arietes del negocio de Don Carlos Ghosn, o los malos modos mostrados por los chicos de la bebida energética con Nira Juanco, porque se me podría tachar de mal perdedor, aunque espero que comprendáis que me joda tanta hipocresía como impera en el paddock.
El error de Ferrari no tiene paliativos ni admite paños tibios. El muro de la mamma ha sido el único responsable de que un piloto que partía tercero con el título en el bolsillo, haya terminado séptimo y con lágrimas en los ojos. Pero si esto es un deporte y se hace llamar como tal, cabría reclamar algo de caballerosidad entre sus participantes, un fair play para el cual ya no hay sitio, pero al que considero que es necesario seguir aspirando siquiera por rendir homenaje a una tradición que entendió siempre que se debía un respeto a los que se estaban jugando algo sobre el asfalto.
¿Y Vettel? Lo siento. Si su escudería, por boca de sus portavoces, puso en duda la legitimidad del posible triunfo de Fernando en el mundial si no lo conseguía por un saldo superior a 7 puntos, no trago en considerarlo el campeón legítimo tras el juguete roto que ha dejado a su paso, su compañero, y la facilidad que ha tenido para imponerse cuando nadie le ha hecho sombra, porque visto lo visto, cualquiera que hubiera disfrutado de sus mismas o parecidas ventajas y ángeles custodios, habría obtenido idéntico resultado o uno más provechoso, aunque juro que desde ya le trataré con el respeto que se merece cualquier tipo que se alza con el título de pilotos, por mucho que no me guste un pelo.
Pasemos página cuanto antes y miremos a marzo próximo. Aquí seguiremos.