Pasado y futuro en mitad del Camino
Etapa obligada en el Camino de Santiago, la capital leonesa es simbiosis perfecta entre la historia de su antiguo reino y el espectacular futuro que señala su arquitectura actual.
Por Alfredo Merino
Es común que cuando los peregrinos alcanzan la remozada plaza, frente al antiguo edificio, se recreen en la contemplación de cruces, medallones y bustos que decoran de punta a punta la interminable fachada. El cúmulo barroco de este hospital de peregrinos construido entre el XII y el XVIII anonada. A bastantes les llegará el cansancio y, como la estatua en bronce del peregrino que dormita frente al monumento, adormilados en las escaleras, rememorarán lo recorrido y, tal vez con ansia, pensarán lo que les queda. No es para menos, pues ya se encuentran en mitad del camino. Bien que lo saben aquí en León, en mitad del Camino de Santiago. Parada y fonda en el primer recorrido turístico habido en la Cristiandad, con dos mil años pero con más salud que nunca, si ésta se mide por el tránsito de caminantes que recorren sus nunca desgastadas losas.
Algo menos, exactamente mil cien años menos, León se hizo reino. Lo subraya el dicho más querido por los leoneses: León tuvo reyes antes que Castilla leyes. Lo cuenta mejor que nadie El legado de un Reino, excepcional exposición que esparce por escogidos lugares de la capital la historia y herencia de aquel reino, por el que aquí, en la vieja capital, sigue suspirando más de uno. Del audazmente remozado Palacio del Conde Luna a la Catedral y de la recogida iglesia de San Isidoro al Museo de León, salpica esta singular muestra los dimes y diretes de aquel reino que, aquí lo aseguran ciertas voces, el ritmo de los avatares políticos contemporáneos ha sido arrinconado en la más extensa de nuestras comunidades.
Mil cien años dan para mucho. Su herencia también. Hoy León es sublime armonía de pasado y presente. Aquí conviven las vidrieras declamadas como más hermosas del mundo, con uno de los más recientes premios Mies Van der Rohe, el Óscar de la arquitectura, que ha reconocido la interpretación a golpe de chip y metacrilato aquellas viejos vidrios que es el caleidoscópico Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac). Los robustos torreones de la milenaria muralla conviven en pétrea armonía con las cúbicas hechuras del Auditorio. Compadrean (aunque esto es algo más viejo) la fantasía de Gaudí con el aire medieval del Palacio de los Guzmanes.
Todo hay que verlo. Pero antes que nada a la Catedral de Santa María. Y allí, encaramarse al andamio para darse de bruces con la historia y la mística echa trasluz. El programa El Sueño de la Luz es una ocasión única de contemplar las vidrieras que comenzaron a colocarse en el siglo XIII y atender a los avatares de su delicada recuperación. Ya de regreso a tierra firme, nada mejor que recuperarse apuntándose a alguna de las visitas guiadas del programa, donde se recorren las increíbles historias y leyendas que encierran esta ciudad. Tras ello sólo queda llegar al Barrio Húmedo. Cualquiera de sus abundantes figones es sitio perfecto para perderse.
Etapa obligada en el Camino de Santiago, la capital leonesa es simbiosis perfecta entre la historia de su antiguo reino y el espectacular futuro que señala su arquitectura actual.
Por Alfredo Merino
Es común que cuando los peregrinos alcanzan la remozada plaza, frente al antiguo edificio, se recreen en la contemplación de cruces, medallones y bustos que decoran de punta a punta la interminable fachada. El cúmulo barroco de este hospital de peregrinos construido entre el XII y el XVIII anonada. A bastantes les llegará el cansancio y, como la estatua en bronce del peregrino que dormita frente al monumento, adormilados en las escaleras, rememorarán lo recorrido y, tal vez con ansia, pensarán lo que les queda. No es para menos, pues ya se encuentran en mitad del camino. Bien que lo saben aquí en León, en mitad del Camino de Santiago. Parada y fonda en el primer recorrido turístico habido en la Cristiandad, con dos mil años pero con más salud que nunca, si ésta se mide por el tránsito de caminantes que recorren sus nunca desgastadas losas.
Algo menos, exactamente mil cien años menos, León se hizo reino. Lo subraya el dicho más querido por los leoneses: León tuvo reyes antes que Castilla leyes. Lo cuenta mejor que nadie El legado de un Reino, excepcional exposición que esparce por escogidos lugares de la capital la historia y herencia de aquel reino, por el que aquí, en la vieja capital, sigue suspirando más de uno. Del audazmente remozado Palacio del Conde Luna a la Catedral y de la recogida iglesia de San Isidoro al Museo de León, salpica esta singular muestra los dimes y diretes de aquel reino que, aquí lo aseguran ciertas voces, el ritmo de los avatares políticos contemporáneos ha sido arrinconado en la más extensa de nuestras comunidades.
Mil cien años dan para mucho. Su herencia también. Hoy León es sublime armonía de pasado y presente. Aquí conviven las vidrieras declamadas como más hermosas del mundo, con uno de los más recientes premios Mies Van der Rohe, el Óscar de la arquitectura, que ha reconocido la interpretación a golpe de chip y metacrilato aquellas viejos vidrios que es el caleidoscópico Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac). Los robustos torreones de la milenaria muralla conviven en pétrea armonía con las cúbicas hechuras del Auditorio. Compadrean (aunque esto es algo más viejo) la fantasía de Gaudí con el aire medieval del Palacio de los Guzmanes.
Todo hay que verlo. Pero antes que nada a la Catedral de Santa María. Y allí, encaramarse al andamio para darse de bruces con la historia y la mística echa trasluz. El programa El Sueño de la Luz es una ocasión única de contemplar las vidrieras que comenzaron a colocarse en el siglo XIII y atender a los avatares de su delicada recuperación. Ya de regreso a tierra firme, nada mejor que recuperarse apuntándose a alguna de las visitas guiadas del programa, donde se recorren las increíbles historias y leyendas que encierran esta ciudad. Tras ello sólo queda llegar al Barrio Húmedo. Cualquiera de sus abundantes figones es sitio perfecto para perderse.
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