Hay apelativos que no son fáciles de quitar. A mi me siguen llamando Toñín los que trabajaban en Valdesamario. Figúrate, pero ahí andamos
Eso es lo mismo que me ocurre a mí con Toñín. Quedó el nombre de la escuela y ya cuesta el cambiarlo. Allí concretamente le llamábamos Tuñín.