Dos amigos estaban haciendo la ruta de Santiago. Por su paso por los montes de León anduvieron durante todo el día y al llegar la noche divisaron una casa unos metros más adelante. Al llegar vieron que era un casa con un gran corral hecho en piedra, con el techo de madera. Decidieron llamar a la puerta ya que vieron luz dentro.
Una mujer con infinidad de arrugas les abrió. Ellos le contaron que estaban haciendo el camino de Santiago y que si podían dormir esta noche allí. La mujer, con amplia sonrisa, les dijo que sí, que para ella y su marido sería un placer tener a dos hombres jóvenes en casa.
Les pidieron que a cambio les cortaran leña para la hoguera ya que el matrimonio era muy mayor y no tenían fuerzas para tanto esfuerzo. Una vez cortada la señora hizo la cena y todos comieron. A la hora de irse a dormir los ancianos les dijeron que no tenían más camas pero que podían dormir en el corral, que estaba bien cubierto contra el frío y la lluvia. Los amigos durmieron en el corral y a la mañana siguiente al despertar se sorprendieron al ver que no había casa, ni siquiera corral: sólo unos cuantos cascotes.
Al llegar a León comentaron su experiencia a los habitantes y estos dijeron que no eran los únicos que habían dormido en la casa de los dos ancianos, que eran muchos que se creía que eran los espíritus de un matrimonio que habría vivido en esa casa hacía muchos años, que les gustaba ayudar a los caminantes.
Una mujer con infinidad de arrugas les abrió. Ellos le contaron que estaban haciendo el camino de Santiago y que si podían dormir esta noche allí. La mujer, con amplia sonrisa, les dijo que sí, que para ella y su marido sería un placer tener a dos hombres jóvenes en casa.
Les pidieron que a cambio les cortaran leña para la hoguera ya que el matrimonio era muy mayor y no tenían fuerzas para tanto esfuerzo. Una vez cortada la señora hizo la cena y todos comieron. A la hora de irse a dormir los ancianos les dijeron que no tenían más camas pero que podían dormir en el corral, que estaba bien cubierto contra el frío y la lluvia. Los amigos durmieron en el corral y a la mañana siguiente al despertar se sorprendieron al ver que no había casa, ni siquiera corral: sólo unos cuantos cascotes.
Al llegar a León comentaron su experiencia a los habitantes y estos dijeron que no eran los únicos que habían dormido en la casa de los dos ancianos, que eran muchos que se creía que eran los espíritus de un matrimonio que habría vivido en esa casa hacía muchos años, que les gustaba ayudar a los caminantes.
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