Las tumbas se abren a cada instante y se cierran para siempre.
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero y tardía para meterla en el bolsillo.
El pobre puede morir; lo que no puede es estar enfermo.
La adulación es como la sombra; no os hace más grandes ni más pequeños.
El fondo del corazón está más lejos que el fin del mundo.
Vale mucho más morir intentándolo que vivir toda tu vida lamentándolo.