En las oficinas del Calderón, el jueves por la mañana, calculaban en 12.500 las que recibirán para el próximo día 12, la primera final europea en 24 años, lograda tras un agónico ejercicio de supervivencia en Anfield, otro escenario silenciado (como el Ali Sami Yen, como el Jose Alvalade) por este equipo incomprensible. "Son muchas menos que la demanda. Entonces tendremos que ver exactamente cómo hacemos el reparto", explicaba un directivo que, como el resto, los que estaban en Liverpool y los que se quedaron en Madrid, no pudo dormir, unos por culpa de la tensión, otros de los nervios y alguno más porque la noche se hizo larga en alguna discoteca de la capital.
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