Un día del libro de hace más de cinco lustros, un periodista andaluz paseaba por las Ramblas de Barcelona, entre los quioscos de prensa y las flores, atribulado porque tanta y tan sentida festividad de libros y rosas no se celebrara, con el mismo afán y vehemencia, en su tierra natal donde las festividades suelen atronar con mucho jolgorio, pero poca lectura.