Los análisis efectuados a este lienzo han sido tan exhaustivos, tan completos y tan objetivos que llegan incluso a estudiar la forma de las manchas de sangre, a contar sus heridas (más de 1.000), a escribir libros completos sobre una sola herida y a concluir que aunque no puede explicarse el suceso, lo que ocurrió fue que aquel cuerpo se convirtió en una radiación lumínico-térmica ortogonal (hacia arriba y hacia abajo, pues los laterales no están grabados). Esa radiación produjo pequeñas quemaduras en el lienzo de magnitud proporcional a la distancia del lienzo al cuerpo y dejó el lienzo marcado con esa radiación, desapareciendo el cuerpo. Eso, no se contradice con el hecho bíblico de que Pedro y Juan, cuando entraron en el sepulcro vieron el lienzo atado tal y como lo habían dejado, pero sin cuerpo. Ante tal impresión se dice: "Y vio y creyó".